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Desguace personal [Osobista rozbiórka]

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Desguace personal [Osobista rozbiórka], Abel Murcia, Czuły barbarzyńca, 2012.

Una vía de tren tiene inicio y puede no tener fin porque su destino es la muerte. Eso es, exactamente, lo que uno encuentra en Bierkenau. Es un lugar en el que el frío parece ocuparlo todo, una metáfora perfecta de lo que fuimos y quizá un aviso con luces de neón de lo que podemos ser. A Abel lo conocí en aquel viaje que fue grandioso (junto a Jordi Doce, Sebastiá Alzamora y Lluis Calvo como invitados y Xavier Farré como acompañante de nuestro anfitrión) aunque en realidad ya por entonces sabía bastante de él por su anterior poemario, Kilómetro 43. Desde ese momento Abel, y su literatura, son de lo mejor que hay en mi vida.

Este es un libro bellísimo, pero es también un conjunto de poemas duro, una huida que se culmina en el papel: “en esta huida/ dejo rastros de tinta/ sobre las sábanas”. Es el diario del hombre que habita un lugar que en ocasiones le es hostil y ajeno (parafraseando a Guinda, “está lejos del mundo/ porque tiene un mundo dentro”), en una ciudad, que como la de Dámaso Alonso, está habitada o deshabitada por cadáveres: “La ciudad es hoy un cementerio/ mi ausencia otra sombra en el hielo”. Serán reminiscencias de Grossman, y su Vida y destino, o inevitables pensamientos de aquel que ha compartido un paseo por Auschwitz o esas vías infinitas a la muerte de Birkenau con el poeta, pero hay una poderosa sombra de dolor y ausencia tras este texto, un frío interminable que habita en su pecho (y en el nuestro) pero a la vez dotado de una belleza extrema. Una extraña sensación de cotidianeidad invade al lector cuando comparte las “confesiones” del poeta (“el olor a café se abre paso hasta ti/ mientras subes, todavía dormido,/ a ese tren fantasma que recorre tu vida”) en este libro en el que los poetas citados son más que meras citas pues hay influencias marcadas de la poesía de Hierro, Paca Aguirre o Félix Grande (tres poetas que desde lo terrenal alcanzan el cielo del lenguaje).

Tengo un tesoro editorial entre las manos. Un volumen bilingüe (español-polaco) que la librería czuły barbarzyńca [el bárbaro sentimental] (nombre inspirado en el relato de Hrabal) ha editado con el cuidado que estos poemas requerían. Unos textos que guardan en su interior los secretos que antes otros bien descubrieron y que saben que en la rosa, como señalara Rilke, y en su ausencia reside el secreto de la vida misma: “La rosa es el silencio,/ y también es la ausencia […] La rosa es el silencio. / El silencio es la rosa”; o en la perfección formal de un haiku (como ya demostrara el autor en sus Haikus ventanalmente preposicionales): “El sol se pone/ la luz se va tras él/ tú permaneces”. Y este libro permanece porque es de verdad.

Ahí fuera, la nieve se ha adueñado del tejado. El frío despedaza la calle y nos despedaza a nosotros. Quizá el único lugar en el que alguien pueda sobrevivir sea este genial refugio construido por un poeta que es ternura y hielo, que viene de donde vienen las grandes cosas de la vida, del fuego.

 

Publicado originalmente en Voluntas nº14

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