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¿Gran qué?

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Gran Vilas, Manuel Vilas, Visor, 2012.

 

Una habitación en Cagliari

Es amplia y está pintada de amarillo, quizá perteneciente ya a un pantone cercano a los naranjas. Ella se ha marchado a seguir las huellas del poeta al que dedica su tesis doctoral y, probablemente, su vida. Yo he paseado por la parte alta de la ciudad con un sol de justicia y metiendo la cabeza bajo el chorro de cada fuente que encontraba a mi paso. A los niños pequeños que paseaban con sus padres y veían estas cosas mías les hacía gracia. Uno de ellos le ha pedido a su padre que le dejara hacer lo mismo. Eso me ha parecido comprender. Creo que le ha dicho que no. Desde el Belvedere de la ciudad he pensado en que algo debía hacer con mi vida, por eso en cuanto he entrado en esta habitación ubicada en el barrio de marina de Cagliari me he puesto a escribir. Supongo que allí arriba, junto a las ruinas del antiguo anfiteatro he tenido perspectiva. Del mismo no queda nada, y he pensado en los esfuerzos económicos tremendos que han hecho algunos países para seguir perteneciendo al euro y a Europa y cómo han dejado su patrimonio olvidado a favor de menesteres económicos y de potencial ubicación en la zona euro sin entender que su verdadero valor está en lo que fueron, en sus ruinas, quizá sea ese el lugar desde el que reconstruirse.

Si no hubiera mañana

Quizá he dicho demasiadas veces esta frase en las últimas semanas, pero quizá habrá sido también porque entre el agotamiento y algunas cosas más he pensado en el presente con más fuerza y eso te hace pensar por ende en todo lo que no haces hoy y dejas para mañana… ¿y si no lo hubiera? He pensado en uno de los poemas del libro que aquí nos ocupa, el titulado «Vilas y Velasco», en el que Manuel Vilas habla de un poeta de su edad, Miguel Ángel Velasco al que sorprendió la muerte de repente, es decir, como siempre llega, pero en esta ocasión demasiado pronto, demasiado. He pensado y releído el poema mientras pensaba en el propio Vilas. Dice él en un momento de este libro «¿y si no volviera a escribir poesía?» y eso me ha llevado a pensar que si así fuera quizá diría adiós con el peor de los libros de poemas que ha publicado hasta la fecha, y no son pocos, precisamente.

Conozco a MV

He conocido a Manuel Vilas el escritor y al personaje, o al personaje y al escritor, o al personaje que se llama igual que el escritor y se parece mucho a él pero no es él exactamente, no lo sé. He cenado con él, he tomado café, he hablado con él de poesía, de música y de series de televisión. He leído todos los libros que ha publicado. Le he dedicado más horas que a cualquier otro poeta aragonés, quizá casi más horas que a cualquier otro poeta. Busqué y conseguí en una buena edición encuadernada en cuero azul marino con los ribetes dorados su primer libro, El sauce, de aquella época en la que un muchacho de apenas dieciocho años apuntaba maneras y tenía más lírica en la mente que la mayor parte de los chicos de su edad. He comprado las dos antologías más significativas que han realizado de su obra: El nadador (editado por el Ateneo Obrero de Gijón, de la mano del poeta, mal denominado, maldito David González), y Amor (publicada el pasado año por Visor, sello que le ha dado hogar a sus últimos poemarios y a los de los autores de mal denominada poesía de la experiencia). Tengo también una rareza, un librito-antología que realizaron en una tirada única y numerada desde el sello italiano Torre del Arabeschi.

¿Quién es MV?

Y Vilas no es ni lo uno ni lo otro. Pero tampoco era un Nocilla, porque ni le mueve lo mismo, ni sabe hacerlo con la «naturalidad» con la que lo hace Fernández Mallo o la base teórica de Fernández Porta. Porque es un viejo roquero y no un popero, porque ha leído más y mejor a Cernuda y a Machado que todos los poetas de la mal denominada poesía de la conciencia (si es que existe, porque ellos creen ser los valedores de la misma y de quién la posee y quién no). Porque ha leído y ha revolucionado en vueltas, como a un vinilo que llega a las manos de Guetta, a Gil de Biedma y a Gabriel Ferrater y ha sido apasionado y más de ficción de lo que Luis García Montero lo haya sido nunca, y porque rozó a Marzal en el tono de su El último de la fiesta (Renacimiento) pero después poco o nada tiene que ver con sus metales pesados, su lista de conquistas y de cotidianidades que considera poemas.

¿Cómo llegó MV hasta aquí?

Utilizó bien, muy bien (expresión utilizada por él mismo en Resurrección), la plataforma universitaria «Poesía en el campus» y primero invitó a los poetas y los conoció bien a todos, se hizo de los suyos, ganó los premios que ganan todos ellos…, pero hasta ahora todo había estado bien, en ocasiones muy bien, porque sus libros, sus poemas, estaban bien. Ya no eran los versos salmódicos y magnéticos de El cielo (DVD), está claro, pero estaban bien, y eso es lo que importa. ¿Y si lo único que de verdad importase fuese el libro?

¿Qué ha pasado con MV?

Pues que Gran Vilas va más allá de la autoparodia que bien se entendía y agradecía en Resurrección, se adelgazaba en Calor y ha tornado en ridículo en este libro del que aquí hablamos. Él mismo sabe que debe darle muerte a su personaje (así lo ha hecho), por él y por su literatura (por la que pueda querer o poder realizar en el futuro). Gran Vilas no está al nivel de nada de lo anteriormente publicado por el autor. Su primer libro, ese que ya he mencionado que conseguí en una buena edición, tiene más verdad y más pulso y tensión que este inexplicable libro que merece un premio como el que le han concedido. Pero esa es otra cuestión, o muchas otras: ¿Quién se lo ha dado? ¿Lo presentó con pseudónimo? ¿Quitó la palabra Vilas (que aparece no menos de cien veces) y colocó en su lugar una X?

Gran Vilas y las críticas

Y las críticas al libro, ay las críticas… Este es el sistema montado y que todos alimentamos, esta es la tristeza que me recorre en esta mañana de calor inmenso en el sur de la Cerdeña; esto es lo que hemos confundido con la poesía: los amigos del poeta, el lugar donde publica, los amigos y compañías editoriales, el poder… Lo importante es el libro, lo importante es el poema. Lo importante es escribir como si no hubiera nada más, como si no hubiera mañana. Gran Vilas es un mal libro, un proyecto fallido, un lugar en el que encontrarse a alguien que ha sido y no sabemos si podrá volver a ser un poeta interesante.

 

 

Publicado originalmente en Voluntas nº12

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