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Depp vuelve a emborracharse con Hunter S. Thompson

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La pícara editorial Anagrama reedita El diario del ron a precio de oro justo cuando llega al cine la película de título homónimo, encabezada por, como en Miedo y asco en Las Vegas, el flamante y pretendidamente decadente Johnny Depp. Pasando de los 17 pavos del libro, los nostálgicos de esta obra encontraremos el libro en inglés y de segunda mano por 6 euros en la red, incluyendo, claro está, los portes hacia nuestra choza. Voy a ser más directo: por lo que valen dos chupitos de ron es posible hacerse con un ejemplar, así que ya estamos tardando.

¿Por qué vale la pena leer de nuevo a este alcohólico lacerante y prepotente que revienta las páginas con su especie de realismo gonzo-sucio-periodístico? Algunos tendréis nociones de lo que un expatriado significa; a grandes rasgos, me refiero a aquel tío occidental que, ya divorciado y sin nada que hacer en la vida, se las pira a Tailandia o al Caribe a tocarse las bolas y vivir con cuatro dólares al día y, por las noches, a pillar grandes cogorzas mirando los sugerentes escotes de las féminas locales. Nuestro querido Hunter —otrora Paul— aterriza de lleno en Puerto Rico a currar por un periódico llamado News. Lejos de un entusiasmo propio de sus largos veinte tacos, Thompson no tarda en percatarse del tufo que destilan sus compañeros y el lugar. Hombres blancos, jodidos por el alcohol, el calor y el aburrimiento, ocupan la redacción y parasitan cualquier atisbo de profesionalidad.

Tras la toma de contacto de las primeras páginas, entramos en una vorágine de situaciones rocambolescas marca de la casa, adictivas y descarnadas, incluyendo chorbas, corruptelas y mucho, pero que mucho ron. Como siempre en la obra de El Señor Gonzo, nada ocurre por casualidad. Su estancia en Puerto Rico, y por ende este libro en el que relata sus movidas, nos sirven para meternos de lleno en el mundo paralelo de los occidentales en el paraíso. Lejos de un reportaje de investigación, lejos también de una novela de ficción, la máquina de escribir de Hunter perturba nuestra lectura, y nos provoca deprimentes reflexiones y estrepitosas carcajadas. Personajes como Sala o Segarra pueblan este mundillo periodístico al que Hunter sobrevive a duras penas. Nosotros saldremos de la lectura aletargados, con una sobredosis de acción bizarra en la que nunca sabremos por qué a nuestro escritor le toca siempre un papel tan lamentable.

Johnny Depp tuvo la suerte de conocer a El Señor Gonzo en persona, y es un profundo admirador de todo su curro. En esta segunda adaptación cinematográfica se las apaña para salir airoso, puesto que suple con humor y gusto estético —que revela la sordidez habida en las "colonias" por allá años cincuenta— las carencias obligadas de una gran pantalla al lidiar con una novela. Pero tampoco se trata de comparar libros y pelis, cosa que siempre me ha parecido un verdadero coñazo —aunque adoro los debates entre los fans de Harry Potter, eso sí es una aplicación práctica de Cahiers du Cinema y el resto son tonterías—. La película cumple su función, entretiene y nos deja con buen sabor de boca, bueno, ácido sabor de boca, ya me entendéis. Pero de ahí a alcanzar la sagacidad y lucidez de Thompson, sabiendo que el libro está escrito en primera persona, queda un trecho. Me creo que Depp conoció a Thompson, y afirmo que, en efecto, el respeto del actor por su trabajo gonzo es sincero. Por eso, también quiero pensar que El diario del ron —the movie— es, en este caso, un homenaje al libro, un capricho logrado de Johnny y sus amigos, adictos a Hunter y a sus obras. No es una obra maestra, aunque dudo que alguna vez sus productores hayan querido que lo fuera. El diario del ron —the movie— corresponde debidamente a la adicción que genera ser Hunter S. Thompson por unas horas. Muchos se atreven a emularlo con su prosa, pocos lo consiguen en el cine. Johnny Depp lo hace de nuevo, y sale con un aprobado alto. Y eso que El Profesor Gonzo puntúa siempre a la baja.

 

 

Publicado originalmente en Voluntas nº12

 

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