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Me suenas de algo, ¿te tiraste a mi novia en 1995, 19 de junio a las 04:52?

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Como un buen cinéfilo inexperto, puedes explicar el «argumento» de los tres capítulos independientes de la serie británica Black Mirror, dirigida por Charlie Brooker, en apenas una frase, generando una expectativa a tu alrededor bastante oscura. Y, una vez hecho esto de manera ágil y graciosa, comienza el percal. Es decir, ciego con tus colegas puedes pasarte horas especulando sobre posibles interpretaciones y futurismos chungos, y creerte, una vez más, el puto amo de la filosofía guarra de las series. Evitemos caer en esta supuestamente superada época púber, y charlemos un poco acerca de, pongamos, el tercer capítulo.

The Entire History of You

Resulta que tus ojos son una cámara que graba y archiva TODO lo que ves. Desde que naces hasta que la palmas. Y puedes reproducir los vídeos siempre que te dé la gana, como navegando en un iMovie bastante pro. Y a correr. Por primera vez, la tecnología permite realizar el tan norteamericano «todo lo que diga puede ser usado en su contra». Pero arrastrándolo, lanzándolo a la totalidad de tu existencia. «Todo lo que hayas dicho, hecho o visto desde que te cortaron un cordoncillo sucio que te unía a la mami puede ser usado en tu contra».

Tu vida, o más bien, las percepciones de todo aquello que hayas hecho a lo largo de tu vida, queda en un iCloud a tu entera disposición. Y a la disposición de La Ley. Lanzado el dardo conceptual del episodio, se presenta un tema central: la relación entre el sujeto consigo mismo, con los otros, y con los objetos, y cómo todo ello queda automáticamente modificado por la sencilla razón de que todo será grabado y almacenado de forma cronológica y consultable en cualquier momento, de manera más o menos predecible —sobre todo en momentos chungos, imprevisibles, que te joderán bien—. Hagamos preguntas estúpidas pero bastante potentes, ¿actuarías igual que ahora si supieras que te estás grabando a ti mismo y si la otra persona te está grabando y si luego sabes que eso podrás consultarlo tú en cualquier momento o la otra persona y podrá ser visto tanto por su parte como por la tuya como por terceras personas? Sí, esto es un puto hastag #wtf. Como por arte de acojone general, Facebook te viene a la cabeza.

Pero no el Facebook molón, en el que comentas las fotos de los colegas o vas de revolucionario metiéndote con la madre de Rajoy y buscando como loco las tetas de Olvido Hormigos. NO. Sino de aquella especie de nerviosismo chungo que sientes cuando algún colgado te comenta que comentaste algo que no tocaba, o estuviste en un sitio en el que no deberías haber estado. O agregas a la churri que no era. Toda aquella serie de disfunciones que son, como bien sabe nuestro querido Mark Zurreberg, el alma podrida que nutre Facebook.

Grabo, ergo vas a pillar cacho

En las entrevistas de trabajo te piden que mandes algunos fragmentos de tu vida, de tus anteriores curros. Es decir, que cuando te mataste a pajas aquella mañana en el baño, la cagaste; que cuando te dedicabas a comer donuts y a ver los goles de la liga china cuando debías estar mandando notas de prensa, la liaste. Para buscarte las castañas, tienes que ser perfecto ante el mundo empresarial. Cuando vas a un aeropuerto internacional, en un país de zumbados como es USA, te registran lo que has hecho el último fin de semana. Metiéndote merca hasta las trancas, ¿eh? Pues nada, al talego, chaval. ¿Qué pasaría con los amantes del techno berlinés? Pues que se ha acabado la juerga, back to the chupitos, y no te pases.

¿Y si comentamos un poco más el tema de las relaciones personales? Suma y sigue. En la serie, el tema central es el afectivo, centrado en las infidelidades más sórdidas. Ya que vas a rodar una serie de esta envergadura, por lo menos mete caña, hasta el fondo. Así que todo circunda a una infidelidad del estilo occidental de gente jodidamente bien acomodada. Y ahí vas viendo exponenciados, cámara retina aquí y allá, un Facebook mejorado. Es decir, un Facebook plenamente desarrollado. Un Facebook que ha alcanzado la perfección, su máxima potencialidad. Tu vida es Facebook, o tú formas parte del conglomerado de vidas gestionadas por un ente de control orgánico que beneficia a Facebook. Orgánico: te controlas a ti mismo, te controlan los demás, te controla el Estado. Again, #wtf.

Supongo que bastantes lectores habréis visto la serie, y preguntas similares os habrán petado también la cabeza. Como siempre, o casi siempre, el cine va por delante de la filosofía, un poco por detrás de la literatura, pero siempre metiendo el dedo donde más duele. O donde más loco se pone todo. No me interesa en absoluto entrar en juicios de valor, en si la camarita retina significa que estamos fatal, o que estaremos fatal si llega algún día. Es sencillamente cojonudo plantear esa idea. La idea de que todo se acelera, todo se controla, todo se complica, todo se va de madre, otra vez. Solo un apunte final: los coches de The Entire Story of You son vintage. Como de los años cincuenta. Eso da también para otro artículo, o para hacer unas carreras con la retina dilatada y bien ciegos.

 

Publicado originalmente en Voluntas nº13

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