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Fanzines. Un recorrido por las cloacas

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Cabecera de FANZINES, un recorrido por las cloacas.

Más allá de los datos que tú mismo puedas encontrar en la Wikipedia sobre los fanzines, la intención de estas páginas es descubrirte todo un submundo de fotocopias impregnadas de cultura basura y rock’n’roll. Por otra parte, también es necesario aclarar que este no pretende ser un artículo riguroso, tan solo una pequeña entrada a esta cultura subterránea a través de ciertos momentos que, a mi modo de ver, han llevado a lo que es hoy el fanzine. Aquí solo se nombrarán una serie de referencias clave para entender el alcance de toda la cultura alrededor del fanzine, quedando al margen toda una multitud inabarcable en estas páginas. Pero lo mejor va a ser empezar aclarando qué coño es un fanzine, para aquellos que escuchan esta palabra por primera vez.

La característica fundamental de este tipo de publicaciones es que son realizadas por aficionados, es decir, sus autores no son profesionales (este rasgo se observa en la raíz etimológica de la palabra «fanzine», que proviene de los vocablos ingleses fanatic, aficionado, y magazine, revista). Otra de sus singularidades, que se deriva de la primera, es que todo fanzine es autoeditado, habitualmente a través de medios de bajo coste, como la fotocopiadora. La temática de un fanzine es tan diversa como los intereses culturales de su autor. En sus orígenes trataba temas sobre cine, música, literatura o cómics, y posteriormente se introdujeron cuestiones políticas: ecologismo, antimilitarismo, sexualidad… Así pues, la función principal de los fanzines es la de crear espacios de información sobre temas minoritarios y ajenos al mercado y a sus intereses.  

Aunque sus orígenes datan de 1940, con el fanzine Detours de Russ Chauvenet, que reunía fotografías y reseñas acerca de la ciencia ficción, lo que nos interesa es la relación que mantuvo el fanzine con el cómic underground americano durante la década de 1960, que marcó su carácter transgresor y contracultural. Entre la multitud de publicaciones que surgieron en esta época, resalta Zap Comix, revista independiente de cómics satíricos repletos de chistes guarros. Es importante señalar la figura de Robert Crumb, autor de esta revista, como el representante del cómic underground. En su obra, que está ampliamente publicada en España, podemos encontrar tebeos subversivos, influenciados por el LSD y la música blues y jazz, irreverentes y políticamente muy incorrectos. Otro autor de gran relevancia en esta época fue Gilbert Shelton, creador de «Los fabulosos Freak Brothers», un trío de jipis pasados de vueltas, o «Superserdo», una guarra parodia de Superman. Tanto Crumb como Shelton han sido, sin duda, la gran influencia del cómic «subterráneo» no solo en América, sino en todo el puto planeta. Ya en los 80, la revista editada por Crumb Weirdo se dedicaba a recoger a todos esos autores que seguían la línea de aquellos tebeos contraculturales de los 60, apareciendo en sus páginas grandes del cómic underground americano (Peter Bagge, Daniel Clowes, Charles Burns, Harvey Pekar, Ed «Big Daddy» Roth, Art Spiegelman o Joe Sacco, entre muchos otros). Aquí en España este tipo de publicaciones también tuvo su repercusión en la década de los 70, con revistas como El Rrollo enmascarado o Star (publicación marcada por la censura en varios momentos, como el secuestro de su decimotercer número, en cuya portada aparecía el Gato Fritz, personaje de Crumb, perseguido por la policía); en la década de los 80, con El Víbora o Makoki, e incluso en la actualidad, con el TMEO (tras 25 años de trayectoria).

Pero estas revistas americanas, en mayor o menor medida profesionales, se alejan de los atributos propios del fanzine. La aparición del punk en Reino Unido, en 1976, supuso una renovación (o una ruptura) del movimiento contracultural iniciado por el hippismo en los 60. Aunque Sniffin’ Glue no fue la primera publicación en hacerse eco del fenómeno punk (la revista autoeditada Punk magazine, de John Holmstrom, había aparecido seis meses antes en Nueva York), este fanzine de Deptford, Inglaterra, fue promotor del pensamiento y la estética Do It Yourself (DIY), Hazlo Tú Mismo. El jovencísimo Mark Perry, en el mayor momento de ebullición del punk en Londres, decidió autoeditar una publicación que recogiera toda la actividad musical de aquellos momentos. Así, tras bautizar su fanzine en honor a la canción de los Ramones Now I Wanna Sniff Some Glue, recorrió cada concierto para fotografiar y entrevistar a los diversos grupos de aquella escena y redactó, junto a sus colaboradores Danny Baker y Steve Micalef, artículos sobre las bandas, proponiendo así una alternativa a las amarillistas opiniones de los medios de comunicación dominantes. En los 12 números publicados durante los años 1976 y 1977, la tirada del fanzine pasó de los 50 ejemplares hasta los 15.000. Sin embargo, Perry no se conformaba con la lectura del Sniffin’ Glue por parte de la joven audiencia, también le exigía su participación activa, como afirma en el quinto ejemplar: «¡No te limites a leer esto! Comienza tu propio fanzine». Y esta es, precisamente, la clave de la filosofía DIY, el no limitar la actividad cultural a los especialistas, así como el punk negaba la dominación de la escena musical a los virtuosos: cualquiera puede hacer su propio fanzine, basta con que coja unas tijeras y un lapicero, aunque carezca de talento artístico.

Esta actitud no solo contaminó la acción de los implicados en el fenómeno punk (acerca del que se produjo una inundación de publicaciones), sino que también trascendió a otros sectores del mundo del fanzine. La contracultura tuvo así un fuerte impulso con la aparición de la filosofía Do It Yourself y, si ya era fácil perderse entre las revistas underground americanas durante los años 60, a partir de 1977 ya se hizo imposible abarcar todos los fanzines editados. El carácter underground de estas publicaciones, que se movían mayoritariamente a nivel local y en cortas tiradas, impedía que cualquiera pudiera hacerse con ellas, era necesario un interés previo y una búsqueda, así como una participación activa en el circuito (puedes encontrar fanzines en conciertos, diversas tiendas de cómics y pequeñas distribuidoras anticomerciales, pero nunca te van a hablar de ellas en los medios tradicionales de comunicación). Este carácter underground y DIY continúa en la actualidad, y aunque no seamos conscientes de su existencia, los fanzines siguen moviéndose por lo subterráneo, como lombrices bajo el barro. Aunque la aparición de internet haya limitado la impresión de fanzines, siendo sustituidos por blogs, tumblrs y otros formatos impersonales, e incluso aniquilando el underground (sostienen algunos imbéciles), la edición de fanzines no ha concluido.

Llegados a este punto, mi intención era presentaros una serie de fanzines que continúan publicándose en la actualidad en el estado español, pero al final voy a pasar de ello. El primer motivo es que cada una de estas publicaciones requieren más espacio que unas pocas líneas, pues el tratamiento sería demasiado generalista, algo que me parece insultante para estos fanzines, tan personales y corrosivos. Otra razón es que no quiero ponértelo demasiado fácil, querido lector. Lo mejor será que quien esté verdaderamente interesado busque y encuentre por su cuenta. Quien sabe, igual en futuros números de esta revista dediquemos el espacio que merece a alguno de estos fanzines.

En definitiva, amigo, has de tener claro que el underground y la contracultura nunca serán para la gente guapa y limpita, ni para esos cuatro modernillos que se masturban con sus chorraditas de diseño. Solo lo guarro, lo cutre, y lo provocador permitirá al fanzine mantenerse al margen del resto de mierda prefabricada.
 

Publicado originalmente en Voluntas nº15

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