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Entrevista a José 'El Niño'

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Un día, creo que era viernes, quedé con José Nogueras, también conocido como José “el niño”. La verdad es que no sé que día del mes fue, pero si quieres me lo invento. ¿Te parece que sea el 29 de abril? Además, ¿qué importa el día? Puedo mentirte cuando quiera. No olvides esto cuando leas lo que sea que lees en tu maldito tiempo libre.
Recuerdo que había quedado con José en el Juan Sebastián Bar, en la calle del Teniente Catalán, a eso de las siete de la tarde. Llegué allí y me tomé una cerveza.

– José no se caracteriza por su puntualidad – me dice la camarera.
A decir verdad, yo llegué unos doce minutos tarde, así que solo esperé al niño tres minutos o así.
Yo llevaba bastante tiempo viéndole actuar en bares, por lo que conocía su personaje. Sin embargo, sentía curiosidad por conocerle fuera de un escenario.
Cuando entró por la puerta, pidió un Gin Tonic y me condujo a la parte de arriba, al lado de los baños. Allí, a través de una puerta escondida, llegamos a una estancia pequeña, con una mesa, unas sillas, unos papeles y algunas cajas.
Una vez allí, la entrevista pasó por diferentes estados. Al principio timidez, después confianza, al final, yo diría que complicidad.
Aquí está el resultado, aunque el verdadero éxito es que José Nogueras escriba en Voluntas_, poder conocerle en persona y tratar de entenderle.

– En tus monólogos y actuaciones en general, intentas, además de hacer humor o entretener, transmitir un mensaje, que la gente piense, o influirle de alguna manera
Es más una cuestión de hacer lo que siento que de generar algo. Es decir, siento que, a la hora de estar ante un micro, el otro “bando” ya conoce al político, al sacerdote, al médico, etc…Creo que el humorista tiene que estar en el otro lado. Para contar la verdad oficial ya están otros. Tampoco tiene la obligación el humorista de quitarle velos de hipocresía a la verdad oficial, puede contar chistes de loros y también se puede entretener, se pueden mover neuronas. Es una decisión de cada humorista. Pero mi posición es esa.
– Quizá es un poco lo que te caracteriza ¿no?
Si, principalmente es eso y…–piensa, se sonríe porque solo él sabe lo que va a decir - lo cariñoso que soy –concluye entre risas.
– En tus actuaciones, además del humor, metes crítica social, filosofía…Parece que es una formación previa grande, ¿no?
En mi caso, esa preparación es simplemente la lectura.
– ¿Qué literatura te gusta leer?    
Kafka, Bukowski, García Márquez, Antonio Escotado. De estos cuatro he leído casi todo, y luego también me gusta Orwell, los libros de aventuras del S.XIX son estupendos, Jack London, Julio Verne…
– Los políticos son un tema recurrente en tus actuaciones.
Sí, son una modalidad de lo feo, con lo cual son muy ridiculizables. La clase política actual es repugnante. Son distintos perros con el mismo collar. Realmente, esté quien esté en un ministerio, sea de la ideología que sea, el proceder viene ya indicado. El tipo que está ahí en realidad no decide cómo hacer las cosas, porque cómo hacer las cosas ya está establecido. A partir de ahí, la ideología que esté en el poder da igual. Con lo cual, ideológicamente se nos están riendo en la cara. Creo que es una indecencia cobrar impuestos para financiar guerras, es asqueroso; y cualquiera que está metido en eso tiene manchadas las manos de sangre.  
– ¿Crees que la sociedad tiene todavía muchas cosas que exigir?
La sociedad tiene que exigir haciendo. Es decir, ¿cómo se legalizan las drogas? Tomando drogas bien, usándolas bien. ¿Haciendo manifestaciones y creando partidos políticos para defender el cannabis? No creo.
Creo que hay que tomar drogas con ética y con estética, demostrando que el cliché que nos impone el perseguido no es más que eso: un cliché ilusorio. La figura del “yonqui” es una figura absolutamente prostituida. Es decir, se pretende que la droga esté por encima de la persona y es imposible salir, etc. Esto es mentira. La persona está por encima de la droga. Otra cosa es que un individuo decida esconderse detrás de una droga para no asumir responsabilidades, y aquí los clichés establecidos por el poder establecido te lo ponen a huevo para acomodarte ahí. Estás legitimado para robar a tu familia, para lo que sea.
Sueles acabar las noches recitando una serie de derechos de autopropiedad…
Sí, suelo hacerlo en casi todas mis actuaciones, al final. Hay otras veces que no, pero es según como me coge el cuerpo, porque uno se cansa de escucharse.
 Pero me gusta terminar mis actuaciones recordando que hay derechos individuales importantes que ya no tenemos, y que creo que deberíamos tener. Como el aborto, la eutanasia, la calidad de los alimentos, que es muy importante para vivir, la legítima defensa y, sobre todo, el derecho a la veracidad de las informaciones. En esto último se nos mangonea una y otra vez.
– ¿Ese toque intelectual que te caracteriza sobre un escenario es premeditado o te sale solo?
No es premeditado, es la clase de humor que practico entre mis amigos. Yo trato al público como si fueran mis amigos. Esa es la idea.
– ¿Incluso a los de la primera fila?
–  –dice entre risas,– sobre todo a los de la primera fila. Es con los que más confianza cojo. La idea es no tratar al público como si fuera tonto y dar por hecho que solo va a entender chistes de canicas y de suegras. Hago humor desde mi propio pensamiento existencial. Yo no creo que la gente sea tonta, yo creo que hay mucho imbécil que cree que la gente es tonta. Creo en las personas
– ¿Crees en las personas?
Si
– Es mucho creer, igual es más fácil creer en Dios.
–  Y mucho más cómodo –dice riéndose.
– Cuéntame algo de tu trabajo.
Mi biografía laboral es clara, te puedo hacer un resumen: No estoy en el humor por vocación. La única vocación que he sentido en toda mi vida es tener una peña quinielística con mi amigo Félix Castillo (risas). Lo intentamos, no pudo ser, pero disfrutamos la aventura. Estoy en el humor principalmente para cumplir mis otras vocaciones existenciales, que son principalmente: tener mucho tiempo libre y vivir sin despertador.
– ¿Algo más que añadir?
De todas mis afirmaciones en la entrevista quiero que quites el verbo creer, porque lo he utilizado por error y es un verbo que no me gusta conjugar.
– ¿Por cuál lo cambio?
Por experimentar o sentir.
– Pues entonces la frase “creo en las personas” va a quedar un poco rara siendo “experimento en las personas.
Nos reímos ambos. Hace ya un rato que no existe el mundo fuera de esa habitación con cajas y sillas, y mesa y Gin Tonic.
– Los psicólogos también aparecen bastante en tus espectáculos.
Sí, todas las religiones falsas aparecen en mis espectáculos. “Medicinas buenas, drogas ilegales malas, te cambio tu marihuana por mis lobotomizadores químicos.”
– ¿Qué papel juega la información en las drogas?
Lo importante es que cada persona tenga la información adecuada para tener la oportunidad de darle un buen uso. Esa es la cuestión. Porque el hecho de negar esa información y luego pretender “nosotros nos preocupamos por tu salud, delega en nosotros la responsabilidad de tu salud”, esto es como leer la Biblia en latín, “no te preocupes por Dios, que nosotros te lo traducimos y te decimos lo que está bien y lo que está mal y lo que tienes que hacer”. Hacen ahora lo mismo con las drogas, nos las leen en latín. Y creo que esto se defiende creyendo que la gente es tonta y que necesita delegar sus responsabilidades.
– Para ser adultos, parece que delegamos demasiadas responsabilidades, ¿no?
Exacto, con lo cual de adultos tenemos poco. Tenemos más de niños asustados que de adultos, aunque por supuesto escondemos ese miedo detrás de lo supuestamente correcto: soy convencionalmente sano, convencionalmente decente, delego para ser decente y respetable. En realidad lo que haces es delegar para estar infantilizado.
– Creo que solo hay dos opciones, tomarte la vida con humor o desesperarte al ver que no puedes cambiar nada. Tú has elegido tomártelo con humor.
Ahí está. Los problemas surgen en el momento en el que te tomas la vida enserio. Si te tomas la vida enserio es una amargura. Por otro lado, tampoco es positivo creer que todo es una broma. Está muy bien, para aprender, ser fuerte a la hora de practicar el pensamiento dentro de una lucidez depresiva, porque no puede ser de otra manera, el pensamiento constructivo debe ser depresivo porque todo es decadente en sí mismo, lo demás son sermones edificantes. Esa lucidez depresiva debes tomarla sin amargura, no tomándote la vida muy enserio.

Por supuesto, hablamos de más cosas, pero no cabe todo aquí. El resto de la conversación se queda en el Juan Sebastián Bar.
En cuanto a José, seguimos viéndonos, y espero que por mucho tiempo.

 

 

 

Publicado originalmente en Voluntas nº3

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