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El olor de la traición

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#voluntasmafia

 

La muerte de Tom Hagen sacudió los bajos fondos de Nueva York como una bomba. El Consigliori de la familia Corleone había sido asesinado hacía una semana, y todas las demás Familias estaban a la expectativa. La incertidumbre no es buena aliada de los negocios. ¿Estaría Vito Corleone perdido sin su mano derecha? ¿Era el momento de asestarle el golpe de gracia? Nadie se atrevía a dar el paso. Todos estaban esperando a conocer quién iba a asumir la labor de Hagen ahora.

Las afasias siguen a trastornos del lóbulo temporal izquierdo. La afasia global o receptiva más grave es la que incapacita para entender las palabras en cuanto tales. […] De ahí la sensación de que a un afásico no se le puede mentir. El afásico no es capaz de entender las palabras y precisamente por eso no se le puede engañar con ellas; ahora bien, él lo que capta lo capta con una precisión infalible, y lo que capta es esa expresión que acompaña a las palabras, esa expresividad involuntaria, espontánea, completa, que nunca se puede deformar o falsear con tanta facilidad como las palabras…”. El Discurso del Presidente, capítulo 9 (extraído del libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks).

 

El Don rara vez se había equivocado en sus movimientos. Pero, ¿en quién podía confiar ahora? El golpe asestado por los Tattaglia había sido demasiado duro, y, aunque el asesino de Hagen había sido eliminado, estaba claro que alguien de la propia Familia Corleone le había ayudado a perpetrar el crimen.

El tiempo se agotaba para los Corleone. Si el Don no movía ficha pronto, las otras Familias de Nueva York se decidirían a apoyar a los Tattaglia para evitar una larga y destructiva guerra. En la oficina estaban sentados Sonny, Michael, Clemenza y Tessio. Nadie hablaba. Eran casi las dos de la mañana. Cada uno estaba inmerso en sus propios pensamientos, mirando fijamente sus vasos.

El Don entró, con su tranquilidad característica. Se sirvió un whisky con hielo y tomó asiento tras su enorme y brillante mesa.

—He tomado una decisión —dijo con seguridad.

Nadie habló.

—Ambos sois como mis hermanos —dijo mirando a sus dos caporegimes—. Quiero que me entendáis bien. En ningún momento he dudado de vosotros, pero necesito a vuestros hombres más que nunca, y nada puede cambiar hasta solucionar esta situación.

Clemenza y Tessio asintieron con la cabeza. Ambos sabían lo que aquello significaba: ninguno de los dos iba a suceder a Tom de momento. Todavía no se sabía quién había traicionado a la Familia, y el Don temía que fuese un hombre cercano a él.

—Dios sabe que os quiero, hijos míos —prosiguió, esta vez dirigiéndose a Michael y a Sonny—. Os necesito a mi lado, pero considero que aún no estáis preparados para ser Consigliori. Hace un mes salió de prisión Luca Fante. Como recordaréis, mi sobrino Luca fue condenado a cinco años por la muerte de uno de los hombres de Tattaglia.

Todos lo recordaban. Fante era un prestigioso neurólogo que había decidido mantenerse al margen de los asuntos familiares, y por aquel entonces dirigía el Sanatorio Santa Bárbara para la Salud Mental. Un hospital psiquiátrico. Cuando la Familia consiguió el internamiento en él de un caporegime de la Familia Tattaglia, el doctor Fante manipuló las dosis de su medicación, provocándole un fallo cardiaco. Fue condenado por negligencia médica, cumplió su condena y jamás nombró a los Corleone en el asunto.

—Pasa, Luca —dijo Vito Corleone alzando la voz, y acto seguido entró en la estancia Luca Fante junto con un muchacho. Luca se sentó sin saludar a los presentes, mientras que su acompañante se quedó levantado a su lado. La tensión podía palparse en el ambiente cargado de humo de la sala—. He decidido nombrarle Consigliori en agradecimiento por su valiente muestra de lealtad. 

Aquella noticia fue como una bofetada en la cara de los presentes. No daban crédito a lo que acababan de oír. Sonny fue el primero en hablar:

—¡Qué demonios significa esto! ¿Acaba de llegar y ahora es el nuevo Consigliori? ¿Cómo podemos saber que es de fiar? ¡Es un matasanos, por el amor de Dios! ¿Y quién demonios es el idiota que le acompaña, eh?

El muchacho que acompañaba a Fante ni se inmutó. Solo observaba, como si nada de aquello tuviese ningún sentido para él, como si no le importase en absoluto.

—Basta Santino, déjale hablar —dijo el Don, alzando la mano—. Le debes respeto.

Todos guardaron silencio y volvieron su mirada hacia Luca Fante.

—Gracias Don. Señores, vayamos directamente al grano. Sé que uno de ustedes fue el culpable de la muerte de Tom Hagen.

Sonny se levantó bruscamente y se abalanzó sobre él, cogiéndole del cuello de la camisa mientras gritaba «maldito cabrón» sin cesar. Clemenza y Michael le sujetaron rápidamente y le obligaron a sentarse, tratando de calmarle. Entonces habló Michael, tras soltar una bocanada de humo.

—Papá, no dudo de tus motivos para elegirle como Consigliori. Pero yo tampoco creo que podamos fiarnos de él. No hemos sabido nada de él desde hace años, e incluso antes de pasar por la cárcel no era de la Familia.

Aquello pareció alterar profundamente al Don, quien respondió:

—Su padre, que en paz descanse, fue siempre una persona de mi confianza— dijo, mientras se ponía en pie y comenzaba a pasearse con calma—. Cuando Luca se licenció decidió no tener nada que ver con los negocios de la Familia, pero eso no significa que no sea de nuestra Familia. 

Arriesgó su cargo y su reputación por nosotros, como cualquiera de vosotros hubieseis hecho por mí. ¿Por qué no debería pues confiar en él?

Clemenza se acercó a Don Vito Corleone y le tomó la mano con suavidad.

—Don, todas las Familias de Nueva York esperan el nombre del nuevo Consigliori de la Familia Corleone. Cuando se enteren de que va a ser él, un hombre sin experiencia, se aliarán con los Tattaglia. El futuro de la Familia está en juego. Piénselo bien, se lo suplico.

—La decisión está tomada, Clemenza —respondió fríamente—. A partir de ahora, Tessio y tú le debéis lealtad.

Tessio levantó la vista de su copa y al cabo de unos segundos dijo:

—Usted siempre ha sido un hombre razonable. Si confía tan ciegamente en Luca Fante, tendrá sus motivos. Yo pienso como los demás, las Familias pensarán que se ha vuelto usted loco, Don. Pero si esa es su decisión, la respeto — se encendió un cigarro, que tembló ligeramente al rozar la llama de su encendedor—. Y ahora, ¿puede alguien explicarnos quién es el muchacho?

El chico no había hablado todavía. No fumaba ni bebía. Estaba en pie, ligeramente encorvado. Tenía el pelo rapado y vestía una ropa vieja que le quedaba grande. Fante miró al Don y éste asintió con la cabeza.

—El chico se llama Jon McLand —dijo.

—No puedo creerlo… no solo no es siciliano, ¡ni siquiera es italiano! —gritó Sonny.

Tras una breve pausa, Fante prosiguió hablando:

—Fue paciente mío, cuando ejercía la neurología en el Sanatorio Santa Bárbara. Padece afasia, como consecuencia de un accidente de tráfico en el que sufrió un traumatismo craneoencefálico que afectó a su lóbulo temporal izquierdo. Los afásicos, como Jon, no pueden entender el significado de las palabras, por lo que no ha entendido absolutamente nada de lo que han intentado transmitir con ellas. Sin embargo, tiene una extraordinaria capacidad para entender lo que ustedes no han pretendido transmitir, al menos conscientemente. Sus gestos y miradas, su tono de voz, su forma de fumar o beber… Su capacidad de comprensión hace de los afásicos auténticas máquinas de detectar mentiras. No se les puede engañar con el lenguaje, puesto que no lo entienden, y es prácticamente imposible impostar la expresividad involuntaria lo suficiente como para confundirles.

Todos estaban atónitos. Fante continuó:

—Cuando salí de la cárcel, Tom Hagen me ofreció la protección del Don. Tras su asesinato, y como muestra de gratitud, le expliqué al Don que podría descubrir quién le había traicionado con la ayuda de un paciente que, además, no podría testificar jamás sobre lo que se hablase esta noche aquí. Aunque reticente, aceptó mi propuesta. No hay margen de error, se lo aseguro. Por supuesto, no tengo intención de ser el Consigliori de la Familia. Necesitábamos una situación comprometida para que Jon pudiese analizar sus respuestas. Todo formaba parte del plan.

Se levantó y se situó junto al muchacho. Con cariño, le pasó la mano sobre los hombros y le dijo serenamente, a la vez que gesticulaba ampliamente para ilustrar sus palabras:

—Dime, Jon, quién miente, quién no es de fiar. Dinos quién huele a traición.

El chico miró a Tessio y le señaló lentamente, pero con decisión. El caporegime se incorporó y, sorprendido ante tal evidencia, sintió pánico. Nada de lo que dijese podría continuar su farsa. Miró al Don y, con voz temblorosa, dijo:

—Yo… no sé de qué demonios… —le faltaba el aire. Sabía que no tenía escapatoria—. Perdóneme, Don. No fue mi intención hacerle daño a Tom. Los Tattaglia me aseguraron que no le matarían. Me ofrecieron una enorme suma de dinero a cambio de que pudiesen atrapar a Tom Hagen para sacarle información sobre los negocios de la Familia Corleone. Yo les dije que no conseguirían hacer que hablase, pero ellos me aseguraron que lo harían sin necesidad de provocarle daño alguno. Esos malditos bastardos… ¡me engañaron, faltaron a su palabra!

Vito Corleone le dirigió una mirada tranquila a Clemenza y éste tomó por el brazo a Tessio. No fue necesaria la fuerza, pues Tessio seguía temblando y no oponía resistencia. Sonny le dirigió una mirada de disculpas a Luca Fante y acompañó a Clemenza en silencio. Michael se acercó a besar la mano de su padre, se despidió con gratitud del doctor y del joven, y también salió del despacho.

—Buen trabajo, Luca. Sabes que esta será siempre tu Familia— dijo Don Vito Corleone.

—Gracias, Don. Ha sido un placer poder ayudarle —respondió Luca Fante.

Ambos se sirvieron un par de copas, mientras Jon McLand les seguía atentamente con la mirada, abstraído. Sonriente.

 

 

 

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Publicado originalmente en Voluntas nº 11

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