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Haria: Instinto de avanzar

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Voluntas entrevista a Berri Txarrak

Aquel viernes madrugamos. A las 12 y media o así cogimos el coche y salimos para Tolosa. Unas semanas antes habíamos concertado una entrevista con Berri Txarrak y teníamos que viajar hasta allí para hacerla. Paramos en Tudela para comer rápido porque íbamos, como siempre, con el tiempo muy justo. En veinte minutos estábamos de nuevo en marcha.

Sin darnos cuenta, el paisaje cambió de pronto. Un musgo verde tapizaba cada árbol, cada roca. El sol se escondía tras la niebla y Kike pisaba el acelerador en las rectas, reduciendo en los túneles para evitar los radares. Fuera de mi cabeza las conversaciones se sucedían de forma banal, alegre, pero la verdad es que yo estaba nervioso y me importaba una mierda todo lo demás. Casi podía oír el zumbido de mi cerebro, prácticamente paralizado por el miedo, esforzándose por pulir las preguntas que tenía apuntadas en una hoja arrugada. Todo muy profesional, como siempre.

Llegamos a Tolosa. Pasaban diez minutos de la hora convenida con Gorka Urbizu por correo y, tal y como entramos, salimos de la localidad guipuzcoana: nos habíamos pasado de largo. Volvimos a entrar. 15 minutos tarde. Bajamos la ventanilla y llamamos a una anciana que caminaba por la acera cargada con dos bolsas de Eroski.

—¡Disculpe!— gritó Tomás.

—No me habléis en vasco chicos, que soy de Andalucía— nos contestó muy amable la señora.

Le preguntamos por Bonberenea y nos dijo que cruzáramos el puente, que siguiésemos recto y que pasásemos las vías de tren, o algo así. El caso es que pocos metros más adelante vimos un cartel que indicaba el gaztetxe. 20 minutos tarde. La sangre latiéndome en la sien y las manos heladas. En el interior del coche seguía presente el cachondeo derivado del salero de la mujer andaluza, pero en ese momento yo no estaba para coñas.

Llegamos a Bonberenea. Una casa antigua a las afueras, vestida de grafitis coloristas. Entramos en el jardín, media hora tarde, con cara de guiris y nos preguntaron algo en euskera. Tomás respondió con un amistoso “muy buenas” y enseguida nos tradujeron la pregunta.

Efectivamente, éramos “los de la entrevista”. Divisé a Galder y a David, me dirigí hacia ellos y les saludé. Enseguida estábamos todos sonriendo y me empezaba a llegar la sangre a los pies. Apareció Gorka por la puerta y, después de presentarnos, nos condujeron al piso de arriba de la casa. Nos enseñaron un poco las instalaciones y entramos en una especie de sala de lectura, con dos sofás y un piano.

Mientras mis compañeros preparaban todo, me distraía escuchando lo que hablaban, intentando serenarme. No sabía qué decir. Me preguntaron si nos íbamos a quedar al concierto de aquella noche y contesté que creía que las entradas estaban agotadas. “Bueno, pero vosotros estáis invitados”, dijo Gorka. Aquello me tranquilizó, aunque el tiempo nos apremiaba, y entonces me dije: “joder, son muchos kilómetros para cagarme ahora como hago siempre…si me caigo me levanto”. Y, después de tragar saliva, dije:

En primer lugar, zorionak por vuestro último disco: Haria. Me ha gustado mucho el principio del disco, Sugea Suge, porque me ha parecido un golpe directo, una manera de decir que Berri Txarrak ha vuelto con la misma rabia melódica de siempre. ¿Cómo pensasteis que esa tenía que ser la canción que abriese el disco después de dos años?
Gorka
: Realmente el orden lo haces una vez están grabadas las canciones, aunque poco a poco te vas haciendo la idea de cómo va a quedar. Creo que hasta que no grabas del todo no conviene hacer demasiadas películas sobre el orden porque luego a veces las canciones cambian en el estudio. Pero siempre le hemos dado mucha importancia a la primera frase del disco, y en ese sentido Sugea Suge era lo que dices: un puñetazo en la mesa o una especie de bienvenida al disco, de “eh, aquí estamos otra vez, hemos mudado de piel pero justo eso es lo que hace que una serpiente sea una serpiente y vamos a morder otra vez”. Luego es como si el disco arrancase con la segunda canción y ya estás ahí totalmente metido. Es una antesala de lo que te encuentras después.

Me pasa algo curioso con vuestras canciones porque yo no entiendo el euskera, entonces primero escucho el disco y me intento imaginar lo que me queréis contar, y luego consulto la traducción. Es curioso porque creo que le pasa a mucha gente y lo cierto es que estáis teniendo muy buena respuesta en lugares donde no se habla euskera.
Galder: Sí, queremos pensar que el idioma no es un hándicap. Visto en términos comerciales igual sí, pero el poder tocar en todas las partes del mundo donde hemos tocado, con más o menos gente y que tengas aceptación más o menos te hace pensar que puedes llegar a pensar que no es un hándicap. Aunque a veces nos cueste creérnoslo.
David: Aparte es una reflexión que no se hace con otras lenguas, aquí se escucha mucha música en inglés y mucha gente no sabe inglés, pero tampoco piensas que eso tenga que ser un obstáculo y no sé por qué razón pasa con el euskera. Al final no deja de ser un medio de expresión, una lengua.

Y cuando veis vuestras letras traducidas, ¿sentís que se pierde algo del mensaje?
Gorka: Sí, sí que se pierde.
David: Es como la traducción de un libro.
Gorka: Sí, sobre todo en poesía o en letras de canciones, donde cada palabra tiene su métrica y su sonoridad y ahí se pierde mucho. Pero creo que el grueso del mensaje sí se puede entender.

El rock debe ser un muro de contención frente a toda esa mierda que nos echan encima

Volviendo a la reflexión que hacía Gorka sobre Sugea Suge, ¿por qué habéis querido volver a mudar de piel, es decir, dar ese paso otra vez como ya venís haciendo en anteriores discos?
Gorka: Bueno, creo que eso viene en el ADN del grupo. Nos gusta basarnos en el disco anterior pero precisamente no para repetirlo. Tampoco son giros, creo que el grupo crece más que cambiar o mudar de piel, vamos añadiendo nuevas sonoridades que igual en discos anteriores no te atrevías o simplemente en ese momento no te apetecía hacer y en este disco no solo tienen cabida sino que te apetece meter cosas nuevas. En este disco tienes sonoridades más extremas a nivel instrumental, a nivel melódico creo que las melodías vocales las hemos trabajado bastante más y son más épicas a veces, hemos cambiado mucho la producción pero sin perder ese punto de crudeza porque no queremos sonar artificial. Ross Robinson ha enriquecido las canciones, las ha vestido con mucho más color que Payola, que nosotros entendimos que esas canciones merecían o podían agradecer una producción mucho más austera que Haria.

Porque Payola lo grabasteis en analógico, ¿no?
David: Sí, básicamente y simplificando es un ensayo grabado. Es un retrato fiel de lo que era el grupo en ese momento donde lo importante era captar la esencia del directo, la imperfección de tres músicos tocando a la vez… Este caso es todo lo contrario, es una producción con un productor (Ross Robinson), no con un ingeniero (Steve Albini), y hay mucho más trabajo en el sonido, muchas más capas.

Mi canción favorita de este último disco es Harra, porque me suena muy familiar, muy Berri Txarrak. Con esas partes más directas seguidas de momentos de calma y, además, magistralmente vestidas por Ross Robinson con ecos y otros efectos de sonido. Me gustaría que me hablaseis de esa canción, ¿qué pensasteis cuando os salió?
Galder: Casi no sale (risas).
Gorka: Estuvo ahí en el alero…
Galder: Esa canción fue la primera que hicimos y casi la última que terminamos. De hecho estuvimos dudando si meterla o no en el disco. Hasta que no grabamos la premaqueta del disco y nos dimos cuenta de que grabada cogía otro cuerpo no teníamos muy claro que iba a entrar.
David: No conseguíamos encontrar el punto sólido o consistente. Tanto el riff principal como las estrofas eran muy largas y la suma de todo hacía que el minutaje fuera muy largo y nos daba la sensación de que nos faltaba comprimirla un poco, darle un poco de solidez. Nos encantaba el riff y las estrofas pero fue una de las que más nos costó.
Gorka: Luego también ocurría que cuando haces un disco las primeras canciones que sacas te gustan pero cuando ya haces cinco o seis ya tienes un grupillo de canciones y vas viendo por dónde va a ir el disco, la cohesión. Entonces, cuando teníamos seis o siete temas, Harra no nos encajaba demasiado bien y hubo un momento en que la apartamos y nos dedicamos a otras canciones. Pero bueno, al final pensamos “este riff no se puede quedar fuera” y ya nos pusimos a ello más concienzudamente.

Joder, pues me alegro
(Risas)
David: De una forma inconsciente sabíamos que iba a ir en el disco, pero era una canción que había momentos con más fluidez en los que nos costaba menos componer otras canciones y ésta la íbamos dejando de lado. Recuerdo que en el último ensayo antes de ir a Los Ángeles a grabar estuvimos con ella y decidimos dejarla así y una vez allí enseñársela a Ross Robinson a ver si nos echaba un cable; y cuando la tocamos al tío le pareció perfecta como estaba y se quedó como la habíamos acabado. La verdad es que es una canción que tiene un toque especial en el disco.

En este disco hay ese punto melancólico pero creo que prevalece la idea de levantarte y avanzar

Otra canción que sin duda tiene un toque especial es Lehortzen, la que cierra Haria. Yo estaba escuchando en mi cuarto el disco y más o menos me había quedado con una idea general, pero cuando llegué a esta última canción me cambió la forma de ver el disco. Para mi es como un toque de color que le habéis dado al disco. ¿Cómo lo veis vosotros?
Galder: Bueno, para otros en vez de un toque de color es… ¡buff!

¿Un brochazo?
(Risas)
David: ¡Sí, el brochazo marrón!
Galder: Realmente el concepto del disco era hasta la penúltima canción.
David: No deja de ser un ejercicio, una jam. Realmente el disco estaba cerrado con las once canciones, cerrábamos el círculo con eso. Pero Gorka tenía una idea y queríamos hacer una especie de pequeño interludio en medio del disco, algo más ambiental, no una canción. Le planteamos la idea a Ross (Robinson)  y nos dijo “vosotros tocad y yo lo escucho”, y mientras tocábamos él grabó cinco minutos de jam. De hecho fue después de que Galder grabase todas las baterías y de llevar una semana con Ross grabando, ya teníamos confianza, nos sentíamos a gusto. Ya nos habíamos quitado un peso de encima, nos sentíamos como en casa, e improvisamos esta jam muy a gusto. Él grabó todo, le gustó lo que había y decidió convertirlo en una canción más larga, jugar con texturas y efectos…
Galder: Claro, y ya no lo podíamos meter en medio del disco, ya no era un interludio. Si la queríamos meter, teníamos que hacerlo al final. La penúltima canción, de hecho, es una canción de adiós (Soilik Agur) que tenía mucho sentido para terminar el disco.
David: Es como un bonus track para regalar algo que ha sucedido allí. Lo que pasa es que ha habido diversidad de opiniones con esta canción, porque es la primera vez que Berri Txarrak hace algo tan experimental y a la gente le cuesta asimilar eso. Es como que les rompes la cintura…

¡Les dejáis con el culo torcido!
(Risas)
David: La gente se empieza a poner nerviosa, cuando realmente no deja de ser un ejercicio, un ejemplo de lo que sucedió allí.

Bueno, pero quizá si hubieseis terminado con Soilik Agur hubieseis terminado el disco con un punto final, y a mi me da la sensación de que Lehortzen cierra el disco con puntos suspensivos, creando una expectativa.
Galder: Está bien esa interpretación que haces.
Gorka: Sí, yo estoy de acuerdo. Refleja lo que había ocurrido allí a nivel de grabación. Un 15% del disco surgió allí, y esta canción era un ejemplo de la grabación a nivel producción: Ross le daba al rec y a ver que coño ocurre.
David: Es como la paleta de colores que hemos utilizado en las otras once canciones, pero nosotros tampoco le damos más importancia de la que tiene. Al que le guste bien y al que no también. Es una muestra de lo bien que nos lo pasamos y de cómo nos desprejuiciamos a la hora de hacer las cosas, sin más.

Berri Txarrak es un ente cambiante que tiene unas señas de identidad muy marcadas a nivel compositivo, de letras y de filosofía de grupo

Aunque Haria tiene un tono más introspectivo, asemejándose más a Jaio.Musika.Hil que a Payola, seguís teniendo canciones como Albo-Kalteak o Guda que siguen en esa línea marcada por el anterior disco, una línea más reivindicativa. ¿Os quedaban muchas cosas que reivindicar?
Gorka: Siempre hay cosas que reivindicar. Fíjate qué tiempos vivimos, si no gritas ahora no vas a gritar nunca más. Lo que pasa es que un disco no deja de ser una foto de un momento concreto y recuerdo que Payola era un disco más político, un disco muy muy pesimista, muy blanco y negro. Sin embargo en Haria hay más luz. No lo quiero unir a lo que mucha gente nos ha dicho de la nueva época política en Euskal Herria. Creo que no hay relación directa, no es que haya más esperanza. Pero también llevas siete discos y la lucha ahora está en seguir reivindicando pero de otra forma. No intentar repetir unos discursos muy manidos sino darle margen al oyente para que se cuestione cosas. El rock debe ser un muro de contención frente a toda esa mierda que nos echan encima, yo personalmente sigo creyendo en eso y siempre habrá hueco en las canciones de Berri Txarrak para ese tipo de reflexiones. Como Albo-Kalteak o la misma Lehortzen también es una canción muy política, no es más que una frase pero te da mucho que pensar.  Las canciones de Berri Txarrak siempre han sido muy de rabia o tirando hacia tristes y en este disco hay ese punto melancólico pero creo que prevalece una idea de levantarte y avanzar. No es algo que se haya buscado pero si lees Makuluak, que es una letra de Bertolt Brecht, pillas que te deshaces de las muletas y avanzas, Sugea Suge, Haria, Guda, FAQ… hay muchas canciones que hablan de eso mismo: andar, caer y levantarte. Creo que es el disco de la superación a nivel de letras, tiene ese punto de positivismo.

Es un sueño haber grabado un disco tanto con Steve Albini como con Ross Robinson

Del Berri Txarrak original solo queda Gorka, pero me parece curioso que hayáis mantenido una identidad de grupo tan fuerte. El hecho de que haya entrado gente nueva lo ha cambiado pero no lo ha roto como le pasó por ejemplo a Guns n’ Roses…
(Risas)
…Vosotros no habéis perdido el hilo. ¿Cómo ha sido el proceso de adaptación tanto de David, que entraste con Payola, y de Galder en este disco? ¿Cómo os habéis subido al tren…?
Gorka: …En marcha.
Galder: Cuando entras en un grupo, la idea es mantener el legado, aportar todo lo que esté en tus manos a nivel creativo pero manteniendo el embrión. Es un cambio de piel pero sigue siendo una serpiente, sigue siendo Berri. No por cambiar de piel vamos a convertirlo en un gusano, tiene que seguir siendo una serpiente que muerda. Creo que sabíamos muy bien donde nos metíamos. La idea es que Berri siga siendo Berri esté quien esté. Aparte, la voz de Gorka y su forma de componer y de tocar la guitarra es muy significativa, la identificas fácilmente. Él es realmente el hilo conductor de todo.
Gorka: Berri Txarrak es un ente cambiante que tiene unas señas de identidad muy marcadas a nivel compositivo, de letras y de filosofía de grupo, pero realmente nadie sabe cómo podría ser un siguiente disco. Hay miles de formas de avanzar y Galder y David han aportado cada uno su identidad pero sigue siendo reconocible el toque de Berri Txarrak.
David: Yo creo que es una cuestión de sinceridad y compromiso al fin y al cabo. Yo nunca me he parado a pensar cómo debo hacerlo, es un compromiso y lo aceptas de la forma más sincera y honesta posible, respetando la identidad.
Gorka: Sí, respetar eso pero también respetar que Galder sea Galder y aporte su ‘galdericidad’ y David lo mismo. Sería inútil intentar preservar el Berri de 2005, por ejemplo. Y además eso en un trío es impepinable, cada pieza es fundamental.

Os fuisteis a Los Ángeles a grabar Haria y estuvisteis en la casa de Ross Robinson haciendo vida, ¿cómo es ese ambiente?
(Se miran y se ríen)
Gorka: Mucho mamoneo allí…
Galder: Es todo muy extraño. Estás viviendo en primera línea de playa en una casa de cuatro millones de dólares donde los turistas te saludan porque se creen que como estás en el balcón eres el dueño de la casa y…es todo muy raro. Pero bueno, te adaptas.
David: Es un sueño haber grabado un disco tanto con Steve Albini como con Ross Robinson, partiendo de ahí intentas afrontarlo y superarlo de la manera más consciente posible porque ¡es la ostia! ¿Cuántas veces nos hemos preguntado?: hace diez años me llegan a decir a mí cuando estaba escuchando Life is peachy (segundo álbum de Korn) que iba a hacer un disco con este tío y hubiese pensado “¿estás de broma?” Ser consciente de eso en ese momento era complicado.
Galder: Sí pero eso se te pasa al segundo día. Al final es una persona y tú tienes que trabajar, no puedes estar todo el día pensando que estás en tus sueños sino que tienes que bajar a la Tierra y pensar “muy bien el sueño pero yo tengo que grabar un disco que es súper importante para mí, que llevo tres meses currándomelo y a ver cuándo empezamos a grabar”.

Que no has ido allí a ver la playa, ¿no?
Galder: Eso es, y a veces tienes la sensación de que tienes demasiada playa y poco estudio, que es lo que realmente quieres. (David y Gorka se van sonriendo conforme habla) Al final han sido casi dos meses…
Gorka: Ya, pero el baño de las mañanas qué a gusto te lo echabas…
David: Te quitan el bañito ese y…
(Risas)
Galder: ¡Eso está clarísimo! Hombre, el sitio es para disfrutarlo también, estás en la playa y aparte de currar también tienes que disfrutar.

En cuanto he nombrado lo de Los Ángeles te han mirado enseguida los dos a ti Galder, yo no sé…
(Risas)
Galder: Ha estado bien, hemos aprendido mucho porque es otra manera de hacer las cosas. El segundo día te das cuenta de que tu punto de vista de las cosas desde la perspectiva de aquí no sirve para nada allí. Te tienes que adaptar. Viven a su ritmo y con sus manías.
David: Pero al final no deja de ser un productor o un ingeniero como cualquier otro, como Txap (Osinaga), que estará aquí abajo, o como cualquiera allá donde vayas. Un tío normal y corriente al que conoces y con el que trabajas, y eso al final lo haces aquí o allí.
Gorka: Todo está aquí (cabeza) y aquí (corazón), no en la maquinaria. No necesitas un estudio increíble. Albini por ejemplo tenía un estudio súper guapo y acogedor, y esto era un sótano con muy poco material. No había más que una guitarra, un bajo, un par de amplis y una batería a la que se le rompía la caja en cada canción. Sobre todo es cómo se utiliza el material. Ross era un tío muy musical, adoraba la música, y en ese sentido sí que cuadrábamos muy bien porque nosotros también somos muy de venerar la música. Prima la canción, el momento y lo que quieres decir en ese momento, la energía, por encima de qué ampli uses.

El directo es el hábitat natural de un grupo de rock, ahí es donde no hay ni trampa ni cartón

¿Y la energía del directo? Porque Berri Txarrak es un grupo que brilla en sus directos.
Gorka: Bueno, no sé si brillamos o no. El directo es el hábitat natural de un grupo de rock, ahí es donde no hay ni trampa ni cartón. Pero en un estudio tampoco te creas, porque sí que tienes más margen y puedes maquillar cosas, pero si no hay canciones…no hay nada, eso está claro. Pero sí es verdad que el directo es donde hay que demostrar lo que es un grupo, intentar dar el mil por mil y que la gente no se vaya igual a casa sino que cuando venga al concierto se le mueva algo ahí dentro, o que le duela el oído o algo, pero que pase algo y que no se vaya indiferente.

De momento en los conciertos que lleváis de esta gira, ¿cómo está respondiendo la gente?
Galder: Muy bien. Positivo al mil por mil. Está viniendo mucha gente y se está generando mucha expectación. Hay gente que escribe de todos los lugares del mundo diciendo “venid, os estamos esperando”, y a ese nivel el público de Berri es la ostia.
David: Luego también en el seno del grupo y la gente que nos acompaña creo que llevamos pocos conciertos pero hemos arrancado con mucha ilusión y ganas, intentando mejorar las cosas pasadas que no se han hecho tan bien o que se pueden hacer mejor…Y creo que es primordial arrancar de ti mismo para obtener resultados y llegar a la gente. Hemos partido de ahí con energía  y eso se hace notar, está habiendo una especie de simbiosis entre la gente y el grupo y de momento en los pocos conciertos que llevamos vemos que pasa algo, que se acerca gente que igual antes no se acercaría, como que estamos abriendo el abanico para llegar a gente que hasta ahora no le había prestado atención a Berri Txarrak. Tengo la sensación de que eso está sucediendo y estamos contentos.

Bueno, la última pregunta es un poco curiosidad mía, siempre me he preguntado: ¿qué tiene de cierto eso que cuentan de que cuando los grupos están de gira, después de los conciertos, se montan unas fiestas en los hoteles de cagarse? ¿O eso es más mito y después os vais al hotel a dormir?
(Risas)
Galder: En ese sentido el mito no lo cumplimos nosotros…¡éste es un poco el mito del rock! (golpeando cariñosamente a David)
Gorka: Nuestra historia se podría escribir en un post-it a ese nivel. Te encuentras de todo, hay mucho canalla por ahí también… Berri Txarrak no destacamos por eso, pero bueno nuestras farricas también hacemos ¿o qué David?
(Risas)
David: Sí, sí…
Gorka: Con David nunca sabes…
(David se encoge de hombros y se ríe)

Bueno pues eskerrik asko, no solo por la entrevista sino también por los discos que estáis haciendo, que yo creo que están aportando mucho. Y nada, espero veros pronto en Zaragoza.
Gorka: ¡Y hoy aquí!

 

Cayó la noche en Tolosa. Se abrieron las puertas de Bonberenea y comenzó a entrar la gente, ocupando rápidamente cada centímetro de la sala. Pieles muertas de serpiente colgaban de las paredes mientras cientos de ojos se volvían al escenario.  Se hizo el silencio y la serpiente comenzó a reptar vertiginosamente entre ellos, tan venenosa como la creatividad. Había mudado de piel, eso estaba claro, pero mordía como siempre. La energía comenzó a fluir y en las caras del público brillaban sonrisas de complicidad.
Acumulé tanta energía que podría haber vuelto a Zaragoza andando, pero sin embargo me pasé el viaje de vuelta mirando por la ventanilla a la oscuridad, simplemente pensando. Estaba contento por la entrevista, por el concierto y por haber conocido en persona a Berri Txarrak. Todo había salido bien al fin, pero no pude evitar sentirme triste. No sabría explicarlo con exactitud, simplemente  me marché de allí con un verso en mi cabeza: “Gaur dut amaiera aukeratu”.

 

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