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Crónica Lagata Reggae Festival 2015 + Unaxmanoxalxcuello, pura vida., Cartucho (AVV Arrebato)

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Un fin de semana del julio profundo, de esos que son tan pegajosos que hasta los relojes se atascan –sí, sobre todo los digitales– dándote cuenta de que la eternidad no es tan maravillosa después de todo. Aun así le estaba pillando el gustillo a este sentimiento de desgana roto por la súbita acumulación de planes interesantes; para que luego se metan con esta cloaca llamada Zaragoza.

Tras no poder ir al Resurrection Fest debido en parte a la alta demanda en el mercado de trabajo de perfiles como el mío que me hacen depender de pases de prensa para viajar, en parte a que la importancia de Voluntas en el sector de la música rock y derivados es similar a la de Nickelback, me sentí en la obligación moral de darles algo a cambio y el festival Lagata era lo más parecido a un gran evento musical que mi economía se podía permitir. Como tampoco puedo presumir mucho de moralidad no es que me diera mal sabiendo que la mayor parte del sábado la pasaría fuera y acudiría al concierto del Arrebato encabezado por UnaxManoxAlxCuello. Siempre queda la excusa de decir que en los festivales lo de menos son las actuaciones, es una cuestión de captar el ambiente…

Lo que sea. Mi principal problema radicaba en cómo enfocar la escritura de algo que me resulta familiar pero que al mismo tiempo me genera un sentimiento de incompetencia a la hora de hacer juicios de valor sobre este festival entendido como una tradición anual pues me reenganché a él tarde, una vez que éste se acercó al camping de Zaragoza –por pereza, otros planes o ya había visto a las bandas ese año. No es una tontada, varias de las personas con las que hablé a lo largo del fin de semana repitieron que la nueva localización era, sin negarle valor, otra cosa. Entonces surge esa sospecha que más de una vez tenemos en nuestra vida cotidiana, cuando se vive algo que ya ha perdido su componente fundamental pero tú no puedes saberlo y vagas cual fantasma que se cree vivo.

Por ello, durante las primeras horas de la llegada al camping en la tarde del viernes decido que no escribiré nada o, más bien, que no prestaré atención a los hechos ‘objetivos’ a menos que realmente me encuentre ya dentro de ellos sin haberlo decidido, que mi cuerpo y mi voz estén entrelazados con el resto aunque disientan, generándome una necesidad que no responda a obligaciones o anotaciones curiosas u ocurrentes. Omito entonces los detalles acerca de las primeras horas, las cervezas rápidas alrededor de la piscina con sus selectores, cuyo verdadero valor considero que radica en su rol como medicina contra la resaca matutina al mismo tiempo que arrastra a todos aquellos que están de fiesta a una zona lejos de los que están sobando. Las sesiones de la tarde dan color pero me parecen innecesarias, al menos eso es lo que recuerdo de otros Lagata, lo que importa es el campineo. Incluso cuando los conciertos en el recinto principal han empezado, incluso cuando tocan los cabezas de cartel, la vida entre las tiendas es el auténtico centro neurálgico y la experiencia fundamental que hay que vivir –oye le puedes echar un ojo a la tienda para que no se la lleve el viento mientras busco las piquetas, me dejas unos hielicos, echa un calo, venir a beber aquí que tenemos sillas, ya verás que guapo este tema… Fenómeno distinto al de los grandes festivales donde las distancias entre la zona de conciertos y las tiendas es tan grande que modifica los hábitos de los asistentes.

Entrando ya en materia y dejando de lado las bondades del emplazamiento que hacen que esto parezca más un anuncio de Marina d’Or que una crónica, arrastré a mi acompañante a ver un rato a Akatz, agradeciendo la inclusión de sonidos ska-verbeneros, de esos que les gusta tanto a nosotros los jóvenes, ejem, como a mi abuela –de ahí la versión que se marcaron del “Guantanamera"–, la cual de haber estado presente probablemente habría soltado alguna frase rollo que apañadicos son estos mozos. Y la verdad es que tendría razón, la primera imagen que tuvimos al entrar fue la de unos tipos sobre el escenario en impolutos trajes aterciopelados tocando el tema “Skandalo!” de su último trabajo Vuelta y vuelta, el cuarto tras más de veinte años de vida de la formación. Los ritmos de vida en el “caribe” son los que son pero clase nunca falta.

Conforme nos adentrábamos a las primeras filas hechizados por los brillos de los focos en sus vestimentas confirmé mis sospechas basadas en el número de tiendas plantadas, el público era menos numeroso que el del año pasado. Poco importaba a los presentes, echándose unos bailoteos con temas como “Rudo Bilbao” que personalmente me chirrían un poco, esa tonalidad de la voz, cercana a la de ciertos grupos de rock nacionales, me cansa por monótona o por haberla asociado a la radio que escucho cuando estoy en algún lugar en contra de mi voluntad. Ahora, entonces, decidí darle otra oportunidad.

El ritmillo, el buen rollo entre la banda, la generosidad del vocalista invitando infructuosamente a que se subieran a cantar con ellos la siguiente banda, Emeterians, la gente de alrededor desprejuiciada, qué sé yo, algo hace que comience a moverme con espasmos en el cuerpo, una mezcla entre un skaman y Chiquito de la Calzada. Y así hasta el final, comprobando que de la misma manera que con el resto de subgéneros jamaicanos –reggae, ragga, dancehall, dub…– no necesito conocer todas las canciones para disfrutar de ellas en su máximo grado –fenómeno en las antípodas a lo que me ocurre con el hip hop o, en menor medida, con ciertos tipos de metal. En este caso la música de Akatz le añadía un matiz a los tembleques desenfadados, cierta nostalgia mezclada con felicidad, una lagrimilla al margen de tu sonrisa paralela a los mohines del vocalista, generosos aunque encerrando algo extraño que todavía no he sabido descifrar.

Otra de las características de este tipo de festivales es su peculiar forma de manejar el tiempo. Emeterians & Forward Ever Band, banda que allá por el 2008 actuó por primera vez en Lagata, nos imbuye en un sonido más pausado moviendo las cabezas como tortugas sin caparazón. Desconozco cuándo ha comenzado el concierto y cuánto lleva, las actuaciones funcionan a modo de saltos, flashes placenteros dentro de esa base continua que es la vida en el camping. En otros eventos importa mucho el orden de las bandas a la hora de crear una determinada progresión o establecer una clara jerarquía de importancia, aquí da un poco igual, cada tema es un punto que puedes colocar cuando quieras dentro de esa línea recta que representa el fin de semana entre árboles, latas, papeo, fumeque.

Si toca ahora Emeterians se debe entonces más que a una exigencia temporal al orden de las notas y a la vagueza veraniega impidiendo todo esfuerzo innecesario. En caso de que el gobierno me saque de la pobreza quizás para el próximo año cambie la estructura de la crónica –eres una vergüenza, vago, decadente, un verdadero emprendedor se hace a sí mismo y genera riqueza a los demás, blablablá. Aunque sea una mentira y todos tengamos que volver a nuestra particular esquizofrenia, de momento callo esas continuas voces que nos machacan una y otra vez llamándonos fracasados incluso cumpliendo el sueño americano de currar 14 horas al día sin venderte ni pisar a los demás, quizás por eso te ponen a partir. Atiendo a la banda, es difícil desconectar después de todo, intento dejarme llevar por las mismas voces, orquestaciones, religiones que en nuestras circunstancias tienen más de new age que de culto tradicional, mensajes revolucionarios naifs… pero que son absolutamente verdaderos en la medida en que se encarnan y generan un estado emocional de calma y bienestar. Hablar de falsedad o repetición en esta música significa no atinar en identificar su campo de acción. Son curanderos que sanan mi organismo, sobre todo cuando el escenario calla y se deja actuar a un solitario bajo danzando, entrando y saliendo de la voz de la vocalista Sister Maryjane, con la llegada de los ritmos dub que permiten hacer a un teclado convertido en órgano y, especialmente, al conjugarse las tres voces, la auténtica baza del grupo y algo desaprovechada, capaz de transformarse en tres agujas que cosen tus heridas con ritmos distintos, incluso coqueteando con el R&B, un romanticismo cálido como el de quien besa tus heridas.

A modo de colofón se marcaron una versión del “Get Up, Stand Up” de Bob Marley, hecho que no sorprendió a nadie, es más, todos lo recibimos con entusiasmo, con naturalidad… ¿tú tampoco notas nada raro? Imagínate uno de estos festivales low cost de –teóricamente– indies, ¿no sorprendería que el grupo de turno hiciera una versión de The Beatles para cerrar su concierto y desatara la euforia? No domino esos ámbitos, simplemente lo pregunto, en cualquier caso en los festivales de metal a pesar de la inconmensurable influencia de Black Sabbath, hoy más presente que nunca en sus distorsiones Doom y Stoner, de vez en cuando cae alguna versión pero generalmente con reconocer su influencia es suficiente, parecido con el Hip Hop y sus sampleos marcando el tributo. Sin embargo con el reggae la sombra del bueno de Bob suele ser más alargada. Semejante mención no es una crítica, simplemente marca cómo se organiza el reggae, cuáles son sus puntos fuertes y débiles al no desplegarse como el típico árbol de influencias. Bob Marley no es un padrino como puede serlo Ozzy Osbourne sino que sigue presente, ocupando el centro de un círculo y teniendo así a la misma distancia toda variación musical. De ahí que el jamaicano siga sonando actual, porque sus descendientes se sitúan alrededor suyo, junto a los demás, no pudiendo distanciarse temporalmente. Esto dificulta la evolución del sonido pero permite resguardar los sentimientos que producen frente a los caprichos de la moda y su frivolidad.

Siguiendo con lo anteriormente comentado, que Jahsta Reggae Band sean los siguientes en salir al escenario es indiferente, lo serían en cualquier caso atendiendo al enlace entre estados de ánimo. Y mira que ponen trabas. El año pasado me quedé con un regusto amargo en tanto el desempeño vocal de Suizo dejaba algo que desear, cosa especialmente dolorosa si tenemos en cuenta que dispone de una voz de otro mundo, superando de lejos a prácticamente todas las vocales estereotipadas del género. Nunca entenderé su desaprovechamiento, ni que en el concierto de su veinte aniversario no hagan nada especial más allá de presentar a su nueva banda –ni siquiera salió Rapsus para el “Niños del ghetto”. Esperemos que esto dé vida a una formación moribunda en la que se perciben las fricciones en el escenario entre sus dos vocalistas, con escasas interacciones entre ambos. Aun con todo el bolo es mejor que el año pasado, en ruinas siguen siendo grandes, continúan extasiando con su música, son uno de esos grupos.

Mando sms –sí, qué, no me da para datos– a gente que quiero y que está malcurrando fuera del país –soy algo cabrón porque eso les cuesta dinero– con la que pasé momentos inolvidables entrelazados con Jahsta. Y simplemente recuerdo. Recuerdo cuando era sin duda una mejor persona según los estándares normales, no me pena ser quien soy, aun con esas el sonido, la atmósfera, me deja la puerta abierta para que sepa que puedo volver a ser otro tipo de persona si lo deseo, que las mutilaciones permiten ponerse prótesis que lucir con dignidad y estilo aunque me guste mi aspecto actual, lo monstruoso. Jahsta termina el trabajo medicinal que empezaron Emeterians, no necesito más, si acaso quitarme el miedo de que por escucharles en exceso en diferentes contextos se sustituyan las remembranzas y sus lecciones por otras nuevas. Quienes me quieran deben respetar esta área sin llenarla de memorias nuevas.

Nota mental congestionada por el humo compartido, un buen villano de película de serie b versus En busca del tiempo perdido podría ser alguien que se dedique a suplantar recuerdos destrozando el momento justo en que se evocan, rollo conductista, montando escándalos, agriándote la noche y así consiguiendo matarte poco a poco. Tal villano debía estar leyéndome la mente, además de tener la capacidad de viajar en el tiempo, porque precisamente en otra dimensión alternativa, en esa vida de camping continua que se sitúa antes, durante y después de los conciertos, un regusto amargo me consumía e intentaba emponzoñar el festival.

De entre todos los grupos con los que estuvimos durante el día acabamos con unas conocidas en una de esas conversaciones de madrugada sobre lo humano y lo divino. Me ahorraré detalles, no busco ningún tipo de justicia poética pero me entristecen los lugares comunes que cada día escucho más y más. Ya no sólo el racismo subyacente en muchas de sus afirmaciones y que, más mal que bien, podría achacarse a un simple egoísmo, una indiferencia ante cualquiera que no sea tu yo. Pero que un grupo de mujeres jóvenes clamen contra el feminismo es delirante. Llegar al punto de que se defienda a los maltratadores porque, según sus argumentos, no se tiene en cuenta a las mujeres maltratadoras ya es otro nivel, como si el THC transportara a un mundo lynchiano. Por desgracia ese mundo no es otro que el cotidiano. Un claro ejemplo de que la propaganda reaccionaria nos ha ganado la partida, cuando ésta ya ni siquiera se percibe como tal sino como un hecho naturalizado, de la misma manera que cualquier cosa que no sea desprivatización masiva es inmediatamente comunismo totalitario genocida. Se nos ha negado la historia, los conceptos y hasta los matices. En fin, me voy a sobar un rato.

El salto en cuestión de minutos de la vida del festival a los quehaceres de la gente de barrio es chocante. Acostumbrado a que todo paso de las vacaciones a la mísera vida de siempre se realice mediante un viaje medianamente largo, una transición equivalente a procrastinar, el corte inmediato me crea cierta bipolaridad, como si nunca me hubiera ido y, a la vez, todavía estuviera de fiesta. Estado que me hace vagar cual zombi hasta que llego al Arrebato. Tienen mojitos.

La parquedad de mis palabras va a juego con mi acidez estomacal y hasta que no suenan los primeros gritos de Cartucho no me espabilo un poco. Punk del “de toda la vida”, con el cantante diciendo que nos dejemos de aplausos y comencemos a hostiarnos. Bien, un show gamberro aunque todavía mi organismo chirría. Si acaso, por decir algo estrictamente subjetivo, las continuas parodias a la extrema derecha nacional como mofa y alabanza de lo casposo en temas como “Portugal español” –o como se llamase– me desconectan un poco. Que es guarro, sí, pero no sé, no me hacen gracia, me parece que en parte reproduce el imaginario criticado, existe cierto regodeo, quizás voy burlao y mis gustos pertenecen a otras zonas geográficas y temporales oye, estaré yo también alienado, pero no me peguéis, o hacerlo con saña, que se sienta bien. La paliza con amor tendrá que esperar, de momento es el turno de pura vida., unos chavalicos que entre puteo y vacile de sus compañeros de gira Unaxmanoxalxcuello consiguen que la peña comience a enchufarse. Existen grupos que en directo mejoran el sonido de sus álbumes, por supuesto, pero lo de estos chicos es un salto exponencial. No tanto a nivel de sonido como de lo que son capaces de transmitir. La demo que había escuchado por bandcamp, MMXIV, estaba bien, una correcta dosis de Post-hardcore / Emo, pero su directo tiene algo con lo que ninguna tarjeta de sonido puede competir: el rostro del vocalista, su figura. La música que propone el grupo se expresa a través de cada arruga prematura, de los gestos achacosos en su mirada, del contraste entre una juventud vieja, muy vieja y unos ritmos gastados con sorprendente energía.

El show no ayudaba en nada a mi bipolaridad ahora múltiple y extendida a lo largo y ancho de mi cuerpo. A los sentimientos de armonía y reconciliación, y también de decepción, que tenía en Lagata aquí se hurga en la herida de la desesperanza al mismo tiempo que el ambiente festivo y las risas de los congregados añade una dimensión más. Yo ya no sé con qué quedarme, decir cuál es mi estado anímico real. Y queda lo peor, la actuación de los salmantinos UnaxManoxAlxCuello se sitúa más allá de la división músicos/público, siendo aquello que tú quieras que sean. Optar por los mosh erótico-festivos en los que te puedes encontrar con un empujón, una sonrisa o incluso un beso en la mejilla –grande el tema “Lo Provisional de lo Definitvo”– por parte de un vocalista que empieza la velada con una máscara sadomaso gateando por el suelo mientras le tiramos de su correa y el otro vocalista, salido de un viaje de Hunter S. Thompson, se desgañita sin micrófono; o ir más allá e imbuirse de stripclub y golpearle el culo al primero mientras hace gala de sus movimientos twerking-violence, disfrutar cual voyeur de placeres mal vistos o sentir ese terror extraño cuando ausente completamente, dejándote llevar por los empujones del resto y la violencia descastada, te topas cara a cara con sus ojos acuerados, salidos de la nada, de la misma forma que todos esos miedos que se tapan con la tarjeta de crédito y los selfies.

Todavía en shock y calados de alcohol, salimos corriendo a coger el último bus que nos devuelva al mundo lagatiense. Las entrañas de la ciudad expuestas mientras unos djs pinchan en un oasis de césped y piscina a unos pocos cientos de metros de distancia, al mismo tiempo. Marea pensarlo. Pero mayor vértigo es constatar que todo eso se encuentra en el interior de una persona a la vez y no hay algo más verdadero que lo demás. Normal que esté bastante callado, al menos hasta tener que romper mi silencio al acabar en mitad del canal no sabiendo por donde acortar junto con otra panda de intrépidos, “si ya os dije que teníamos que haber girado antes”, cambiamos de tema restando valor a nuestra genial intuición montaraz, al menos así lo expresan nuestros nuevos compañeros con sus silbidos mientras mean, “llegamos a tiempo a Green Valley”, dicen, y añaden “sólo venimos al festi por ellos, no tenemos tienda ni ná, si vivimos aquí al lao”. Bueno, hay gente para todo, más raras son mis idas y venidas, sus razones tendrán para perderse el resto de los conciertos y la vida festivalera, además gracias a ellos presto atención a un grupo que únicamente los tengo escuchados por encima. De hecho ni siquiera les he visto en directo a pesar de ser unos clásicos en Lagata.

Solucionado. Ahí están Green Valley con esas pintas y actitud propias de un grupo de rap metal, me gusta lo que veo. Al principio echo de menos la fisicidad de UnaxManoxAlxCuello, donde el cuerpo es igual de importante que la música. Pero no me desagrada lo que escucho, sobre todo cuando los temas son coreados por toda la gente de alrededor. Me sorprende lo seguidos que son aunque no me extraña, la banda conoce su poder y trata al respetable a su antojo, que si hacernos sentar a todos en el suelo o mover las manos al compás con “Love Love”, que ahora nos calman al entonar “El río de la vida” como si fuera una nana y luego obliga a sacar los mecheros y ver la vida pasar... Eso sin olvidar la (doble) colaboración con Rapsus o el ponernos continuamente a botar con sus salvajes drops, inventados mucho antes de su uso y abuso por parte del dubstep.

Un grupo que no sería mi primera elección si quiero escuchar este tipo de sonidos en casa pero que, de nuevo, en directo gana mucho, me lo paso bien, me siento a gusto aunque no lleve las pintas del resto, al fin y al cabo no es una cuestión de identidad y unión sino de conexiones en la diferencia. Y si no que se lo digan a Mr. Vegas, a su rollo, todos emperifollados y él con sus pintas de topmantero, dándonos una lección de estilo. Para fardar ya tenía a sus nada menos que ocho compañeros de escena –dos acompañamientos vocales, un dj, dos teclados, un batería, un bajo, una guitarra y… una bailarina de twerking; las asociaciones entre esta diosa de ébano y los anteriores meneos del cantante salmantino golpean mi frágil mente. Imágenes inquietantes aparte el concierto se desarrolla conforme lo esperado. Un dj gritón calentando con temas bailongos donde cabe hasta Skrillex, temas dancehall que no duran más de dos minutos –pull up pull up pull up–, el “Jump Around” (?) que como dijo Hate está guapo pero ya huele el tema, nalgas moviéndose en posiciones imposibles, un ratico de Bob Marley de nuevo y versiones de otros temas, eso sí, interpretadas generalmente por la banda en lugar de pinchar directamente el sample –como hizo el año pasado General Levy–, lo cual se agradece –mención especial al infernal tema del taxi que ya había sonado un par de veces antes por el camping, cuyo riddim original lo puso en movimiento el grupo jamaicano Chaka Demus & Pliers allá por comienzos de los 90 y ahora se deben estar arrancándose los ojos con cucharas.

Y a partir de ahí un continuo de satisfacción sin que la conciencia mediara mucho –ojalá la muerte sea algo parecido– hasta que me doy cuenta de que me estoy quemando demasiado. Me levanto del césped de la piscina, sorteo a los bailarines irredentos con gafas de sol y me despido hasta el próximo año.

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