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Crónica Pirineos Sur 2013

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Crónica Pirineos Sur 2013

Llevo demasiados días postergando mi crónica del festival Pirineos Sur. Y no es que halla perdido la inspiración, ni siquiera creo en esas chorradas, sencillamente no he encontrado el momento de ponerme a contarlo. He perdido un poco el hilo de aquella noche y, aunque la recuerdo más o menos bien, no tengo la cabeza en ello.

Ahora estoy en Zaragoza, con el calor mordiéndome el cuello y acompañado por una maldita tos seca que me deja boqueando como un maldito pez fuera del agua cada cinco minutos. Ayer regresé aquí y las cosas siguen mal, y cada vez que camino por el pasillo de mi casa o apago la tele o salgo a la calle o entro en un bar o cierro con llave una puerta, tengo la sensación de no estar haciendo nada por lo que merezca la pena moverse demasiado. Me levanto y me acuesto con la misma cara de gilipollas que Thom Yorke, cantante de Radiohead, aunque con el ojo izquierdo ligeramente más abierto. Así que tampoco te tomes esta crónica demasiado en serio.

Como primera valoración, y por lo tanto sesgada por definición, diré que la noche del 26 de julio en el Pirineos Sur estuvo bien. Sí, ya sé que eso es decir poco, y que bien podría estar una película de Antena 3 un domingo por la tarde para echar la siesta o fumar un L&M en la puerta de un bar a las dos y media de la mañana de un viernes cualquiera; es decir, que es una calificación bastante vaga.

El problema es que, si tratamos de valorar Pirineos Sur como un festival de música al uso, es difícil no quedarse con una sensación positiva pero un tanto indiferente. No fue una experiencia sin precedentes, ni tan siquiera una noche memorable al 100%, pero estuvo bien. Bastante bien, si lo prefieres.

Lo mejor de Pirineos Sur, si se me permite hablar de ello habiendo estado solo la penúltima de las quince noches que lo componen, es la atmósfera que se crea alrededor. Supongo que habrá gente que creerá que eso es parte del festival, pero yo no lo tengo tan claro. Se me plantea la misma duda que con el huevo y la gallina. ¿Pirineos Sur crea esa burbuja de buen rollo o es el espectacular paisaje pirenaico en el que se desarrolla y las personas que allí acuden lo que hace de este un lugar al que ir al menos una vez en la vida? Dicho de otra forma, ¿es posible hacer un festival destructivo y violento en julio entre Sallent de Gállego y Lanuza? No lo creo. Más bien diría que es un acierto en sí mismo, que en un lugar como este no puede haber otro tipo de cartel o de público. Y cuando se suman los factores, tienes muchas posibilidades de que esa noche lo acabes pasando bien.

Kike y yo llegamos sobre las dos de la tarde a Sallent. El recuerdo de la suave brisa de montaña que me acarició al bajar del coche y las bocanadas de aire puro que llenaban mis pulmones en ese momento me hace sentir envidia de mí mismo, lo cual no deja de ser una gilipollez como un piano. Pero aquí estoy ahora, absorbiendo toda la mierda que flota en este aire contaminado de ciudad mientras pienso en aquello. Y me da envidia. Y tos seca.

Poco después de llegar, nos comimos unos bocadillos de longaniza bañados en calimocho y unos melocotones, sentados en la orilla derecha del río Aguas Limpias. Temperatura perfecta. Ambiente jipi. Niños tirando piedras puntiagudas al agua. Pasamos un buen rato allí.

Crónica Pirineos Sur 2013

Recogimos las acreditaciones de prensa en el sótano de un hotel de Formigal y luego nos acercamos a los puestos de ropa y abalorios de Sallent,  nos sentamos en una terraza que pretendía ser rollo surfero hawaiano y nos tomamos unas cervezas. Digo que pretendía porque en realidad solo tenía una tabla de surf colgada detrás del mostrador y el dependiente era un guaperas moreno con el pelo muy rubio y la sonrisa muy blanca, pero las sillas eran las típicas rojas de Ambar, y todo lo demás también se salía bastante del estilo que se suponía que debía tener aquel garito.

También nos pedimos unos nachos con queso y trozos de pollo. Dejamos unas revistas de Voluntas_ nº17 en una mesita y los camareros enseguida pillaron una para echarle un vistazo. Lo siguiente que recuerdo es ver el poster central de la Rudi con cuerpo de maciza-travelo (tetas al aire y hot dog en la entrepierna) de nuestra revista colgado junto a la tabla de surf. Bueno, lo habían conseguido: ya era un puesto hawaiano 100%, pensé.

De fondo, la Jaipur Maharaja Brass Band tocaba su siniestra música india, inundando las terrazas y el mercado con un sonido entre desagradable y amalgamado. Lo cierto es que no tengo ni la menor idea sobre este estilo de música, así que no puedo decir si al menos eran buenos en lo suyo, pero tampoco me pica la curiosidad. Hay bandas que son difíciles de oír, y ya no digamos de escuchar en estado de plena consciencia, y la Jaipur Maharaja BrassA Band es sin duda una de ellas. Por suerte, Kike y yo tampoco prestábamos mucha atención.

Después de la serenata y los nachos y las cervezas Ambar hawaianas, nos acercamos hasta un puesto rollo Marrakech a echar un café con hielo. Una vez reactivados por el dulce nerviosismo de la cafeína natural, pasamos a un mostrador rollo alemán cercano para cenar unas cuasieróticas salchichas gordas y pálidas, con cebolla frita y salsas varias. Para no ofender a los hijos de Bismark (y de otros muchos ilustres bigotazos), las acompañamos con un litro de refrescante cerveza Ambar alemana.

Recuerdo que al lado había un puesto vegano, con tartas veganas (¿cómo demonios conseguirán que quede esponjoso el bizcocho?) y empanadillas veganas, y una docena de mierdas por el estilo. No hay palabras para expresar lo suculenta que me pareció en ese momento mi enorme salchicha grasienta con cebolla frita y salsa… Por suerte salimos de allí pronto (nos habían atendido con eficiencia centroeuropea), y dejé que se enfriaran un poco mis onanistas ansias carnívoras. El lugar que habíamos escogido con cierta anterioridad para engullir nuestra cena era un banco solitario con vistas al pantano que teníamos localizado, a medio camino entre Lanuza y Sallent de Gállego. La luz de unas velas aromáticas solo hubiese saturado la perfección de aquella cena, con las estrellas y la luna reflejadas en la oscura superficie del agua.

Como de costumbre, el tiempo se nos había echado encima, así que nos volvimos a poner en marcha al poco, caminando todo lo deprisa que nos permitían nuestras sedentarias piernas de ciudad en dirección al coche de Kike. Allí nos hicimos un buen litro de calimocho, y nos pretamos una lata de Monster, con la sesión de “Hardcore or die” de Radio Soulwax sonando por los altavoces del Seat León plateado. Una vez dentro del recinto, acabaríamos agradeciendo el empujón que nos había proporcionado la cafeína industrial y el vino.

Crónica Pirineos Sur 2013

The Faith Keepers habían empezado a sonar ya cuando enfilábamos la cuesta abajo que conduce al escenario principal de Pirineos Sur. Nos atrincheramos en primera fila, a orillas del pantano, y fumamos con atención. El soul inundaba el valle, mientras las luces se movían frenéticas por la ladera arbolada y las gradas que estaban a nuestras espaldas. Un niño de unos tres años estaba sentado a mi derecha, comiéndose un bocadillo de jamón más grande que su propia cabeza. Parecía un pequeño con criterio.

Dejando a un lado esto, para entrar un poco en lo que es la crítica, diré que me fastidió bastante la actuación de The Faith Keepers. Me explico: lo peor de las críticas musicales escritas por la gente joven es que, dado que el repertorio para comparar no es demasiado extenso, casi siempre son entusiastas hasta la arcada, llenas de alabanzas y de adjetivos sinónimos de “genial” o “apoteósico”. Así que yo había acudido al festival con la idea de hacer una crítica más madura, de no aplaudir hasta rabiar cualquier nimiedad y ser más analítico.

Por desgracia, y aquí es donde viene la parte del fastidio personal, el concierto que ofrecieron fue “genial”. El altísimo nivel ofrecido tanto por el cantante (Borja, creo), quien merece una mención especial, como por el resto de la banda no fue superado en toda la noche ni por asomo. Por supuesto, aunque el público pareció disfrutar con ellos, la banda más aclamada fue La Pandilla Voladora; pero ¿quiénes son ellos para otorgar premios?

The Faith Keepers fueron los mejores, y no admito enmiendas a eso. Kike también prefirió a La Pandilla Voladora, y no le culpo. Ciertamente es un tipo con criterio musical, pero en ese momento le cegaba su pasado como grupi de Los Delinqüentes. Todos tenemos un pasado, ¿y acaso no dijo Jesucristo: “no juzguéis si no queréis ser juzgados”, o algo parecido?

Pues el caso es que Kike y su criterio andaban tirando fotos del concierto desde la pasarela que unía el escenario con la orilla del pantano. Nota: Trabajar con fotografías de agencia o de la organización no mola. La actuación fue calentándose.  Hubo tiempo más o menos a mitad para un acertado homenaje para el Padrino: James Brown y también un par de colaboraciones raper de Dr. Loncho.  Fin del primer acto.

Crónica Pirineos Sur 2013

La Pandilla Voladora estaba al caer, mientras miles de personas bajaban la cuesta infernal de entrada al recinto. Los altavoces gritaron:

-¡Buenah nosssshee!

Y allí estaba la cuadrilla: Albert Pla, Tomasito, Muchachito, El Lichis y el Canijo de Jerez; junto con otros tres músicos.

A pesar de que su música no me entusiasma demasiado, diré que tuvieron el detalle de traer con ellos unos músicos de calidad. Gracias a ello, la cuadrilla se pudo dedicar en cuerpo y alma a dar espectáculo, en el más amplio significado de la palabra. No tenían que llevar el peso, ni tejer un hilo que el público pudiera seguir. Tan solo estaban allí, los cinco, vestidos de superhéroes ochenteros. Tocando palmas y revoloteando aquí y allá. Subiendo y bajando, y corriendo y saltando. Y, muy de vez en cuando, rasgando algún acorde.  Bueno, lo cierto es que Muchachito y El Lichis también curraron bastante en la parte musical de la actuación. Pero los demás… De hecho, me jugaría pasta a que Albert Pla tenía la guitarra eléctrica desenchufada durante la mayor parte del tiempo. Aunque tampoco importaba mucho, la verdad, porque todo parecía funcionar.

En resumen, que el concierto estuvo bien para la gente que, como yo, no ama el cashondeo andalú; pero, por lo que allí pude ver, supongo que fue la hostia para el resto.

Mención especial para Tomasito haciendo el robot.

Véase también: El maestro Diego Cortés arañando una guitarra española ante la incredulidad de cientos de bocas abiertas.

Véase también: Una versión de “Ama, ama y ensancha el alma” (Extremoduro).

Final, bises y fin del segundo acto.

Crónica Pirineos Sur 2013

Después nos subimos, Kike y yo, al balcón de la prensa para apoyar nuestro sudado culo caucásico en una silla; y recuerdo que pasamos cerca de veinte minutos mirando a dos tíos que estaban discutiendo debajo de nosotros, en las gradas. En realidad no sabíamos si estaban discutiendo o no. Lo único seguro era que iban muy ciegos, y que gesticulaban y se abrazaban y se zarandeaban continuamente, y uno cogía un palé y lo volvía a dejar, y el otro se levantaba y se volvía a sentar. ¿Eran simples colegas haciendo gala de un cariño mutuo desproporcionado? ¿Se iban a medir el lomo en cualquier momento? ¿Trataban de bailar como Ian Curtis y se estorbaban el uno al otro? Quién sabe.

Dejamos a los dos colgados con sus cosas y entramos a la verbena. Escuchamos un poco de jungle. Por desgracia, el Señor Pachangueo o su corte de mierdosos hicieron su aparición al poco, haciendo que nuestros oídos sangrasen abundantemente antes de salir corriendo de allí. Subimos a toda prisa la cuesta infernal de salida del festival y volvimos al coche. Fin del tercer acto.

Cuando nos levantamos (habíamos dormido en el coche), Kike se empeñó en cruzar la frontera para comprar sirope de menta francés, antes de volver a Zaragoza. ¿Creéis que después de eso tiene alguna validez cualquiera de sus argumentos sobre la superioridad de La Pandilla Voladora sobre The Faith Keepers? No, por supuesto.

Y eso fue todo. O, al menos, todo lo que he podido descifrar entre los garabatos cuneiformes de mi libreta, las fotos de Kike y los fragmentos de aquella noche que quedaron grabados en los pliegues de mi memoria.

Crónica Pirineos Sur 2013

 

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