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Crónica Santander Music 2014

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Santander Music 2014

No soporto el rollo indie. Podría decirse que lo odio, al menos en la mayoría de sus vertientes. Y claro, uno podría preguntarse por qué demonios pedimos acreditación para cubrir el Santander Music 2014, un festival a todas luces modernerrr.

La respuesta es simple: 2ManyDjs. Tanto para mí como para mi compañero y fotógrafo eventual Kike, 2ManyDjs son los artistas totales. Por gusto musical, por instinto, por actitud… por mil razones que ahora no vienen al caso, fuimos capaces de viajar hasta Santander solo por verlos en directo. Una vez Nick Hornby escribió de ellos que “están usando los restos que hemos dejado para leña, de modo que tengamos algo con lo que calentarnos mientras el infierno del mundo musical moderno se congela”. Y precisamente nosotros íbamos en busca de ese calor.

Además, ya que íbamos a estar allí, quizá podríamos aprovechar para estudiar e incluso biopsiar el movimiento del indie español. Sí, ¿por qué no? En el peor de los casos solo confirmaríamos nuestra aversión, pero también podríamos estar equivocados. No sé, puede que nos hubiésemos dejado llevar por la penilla que dan los bigote-zorras, los politos cutres y los sombreritos; pero que el movimiento en sí no fuese tan mierda. Sea como fuere, muy pronto lo sabríamos de primera mano.

VIERNES 1 DE AGOSTO    

El Seat León plateado volaba por la AP-68 en dirección Santander, cruzando fugazmente aquella soleada mañana de viernes. Esta vez en la parte de atrás llevábamos con nosotros a Laura y Nacho (estamos convirtiendo esto de llevarnos a gente con nosotros a los festivales en una fea costumbre, pero pagar la gasolina a escote tampoco está nada mal).

El Santander Music 2014 había empezado el día anterior, de modo que ya nos habíamos perdido a Iván Ferreiro (pf!) y León Benavente (mpf!) entre otros. La verdad es que tampoco corrían las lágrimas por nuestra cara, todo sea dicho.

Sobre las 15h. llegamos a la capital cántabra. Una ciudad monumental y llena de banderas de España hasta rallar lo enfermizo, con una gastronomía de nivel y unas playas tan frías como preciosas. Después de comer encontramos un pequeño Hotel (*), junto a la Avenida Castañeda, que parecía una casa indiana reconvertida, completamente llena de objetos antiguos. Habitación para cuatro, sin desayuno y, por el amor de Dios, NO MOLESTAR hasta la hora de la merienda.

Un verano en Santander

El festival no abría sus puertas hasta las 20h., según nos informaron desde la organización vía twitter, así que nos vimos en la obligación de empezar a beber cervezas para hacer tiempo, mientras Laura completaba sus tres horas de siesta en el coche con otra salvaje sesión de sueño en la habitación. Igual fue el frío del norte lo que le indujo este estado de hibernación, pero lo cierto es que no se despertó hasta que volvimos para recoger las mochilas y marchar a los conciertos.

Recogimos las acreditaciones sin mayor problema, logramos superar las diferentes barreras vigiladas por “los puertas” y todavía tuvimos tiempo para dar una vuelta por la explanada de hierba y arena que se extendía frente al Escenario Principal y junto al pequeño escenario para DJs de intermedio. El recinto del festival no era muy grande, pero he de decir que tenía cierto encanto. Estaba situado en la península de la Magdalena, bordeado por dos playas y un parque. Un entorno de verdadero lujo, siempre y cuando la lluvia nos permitiese disfrutarlo, y en ese sentido, aunque por el momento hacía un tiempo agradable, el amigo José Antonio Maldonado nos había prometido agua abundante para el viernes 1 y el sábado 2. Bueno, ¿quién dijo miedo?

A todo esto, La Habitación Roja subió al escenario mientras el recinto todavía estaba a medio llenar y seguía entrando gente poco a poco. Sonó la primera canción y ya entonces fui consciente de que mis peores presagios sobre la música indie en directo se confirmaban. Aquello no había por donde bailarlo o sentirlo, y solo el atronador sonido del bajo en mi garganta consiguió que sintiese algo que no fuese hastío. Además, la cara de tolili del cantante en las grandes pantallas que estaban situadas a ambos lados del escenario tampoco me ayudaba a levantar el ánimo. Pero, pese a todo, la gente allí congregada parecía disfrutar e incluso motivarse a ratos, por lo que supuse que el problema era más mío que del grupo en cuestión.

Recuerdo que miré alrededor nuestro y vi a una tía que llevaba una camiseta de Nirvana con un bolso de Bimba & Lola (esto último me lo confirmó Laura), y comentamos entre risas que si Kurt Cobain resucitase para ver esto, seguramente volvería a volarse la tapa de los sesos con una escopeta del calibre 20. Y no era la única de esta guisa pijo-alternativa. Más bien éramos nosotros la excepción.

A mitad de actuación comenzó a caer una fina cortina de lluvia, pero al poco rato dejó de llover definitivamente. De hecho, para sorpresa de todos no volvió a llover prácticamente en lo que quedaba de festival, lo que significaba al mismo tiempo una buena noticia y una cagada considerable del gran Maldonado. Sí, una feliz cagada que había que celebrar.

redroom

La Habitación Roja había acabado (por fin), y Eme Dj rellenó el intermedio desde el escenario pequeño con una música que (esta vez sí) consiguió animarnos. Pinchó temas más o menos conocidos, bastante efectivos y que, al menos yo, agradecí casi tanto como el hecho de que dejase de llover.

Pero, media hora después, Love of Lesbian ya estaban encaramados al escenario, y frente a ellos se extendía una enorme marabunta de gente totalmente enfervorecida. A Kike y a mí nos costó lo nuestro llegar hasta el foso de prensa, pero una vez allí os juro que deseé que una enorme ola de 60 metros surgiese del mar Cantábrico y se nos tragase a todos. Jamás había visto el fenómeno fan desde tan cerca, y era evidente que el grupo catalán tenía en los más jóvenes del festival su público mayoritario.

Allí había crías y críos con las caras pintadas con corazones, gritando como locas “guapo” y “zorrupia” a Santi Balmes, el cantante. Parecía que alguien hubiese espolvoreado farlopa sobre la tropa, y que únicamente una lluvia de napalm pudiese purificar aquella aberración post-pubescente. Solo faltaba Mario Vaquerizo diciendo alguna de sus gilipolleces infames por el micro.

Pero volviendo a la crítica musical, me atrevería a decir que Love of Lesbian son los Hombres G de mi generación. Son poperos con una marcada actitud de rockstar, sus letras son bastante buenrollistas (en plan “todo va guay, tío, tú no te preocupes por nada”) y, para redondear, aderezan todo esto con una pizca de demagogia política de tres al cuarto, lo que les hace parecer medio progres sin mojarse demasiado. Y allí estaba toda esa gente, las juventudes del PSOE y el PP, bailando juntas mientras Blames soltaba una trilladísima perorata sobre los recortes con unas enormes tijeras de más de dos metros en las manos. ¡Guau! Tenían el éxito asegurado.

Por suerte, por aquel entonces yo ya estaba bastante volado, y me debatía entre el pánico y la comedia que suscitaba el momento. Los gritos histéricos resonaban con eco en mi cabeza, y la espesa niebla de mi cerebro me creaba la sensación de que todas aquellas personas que se agolpaban sobre las vallas del foso tenían la cara como una madalena dura. Sentía que podía lanzarme sobre ellos y estrujarles la cara con las dos manos hasta hacérsela migas… ¡Azúcar glas por toda su cara tío, qué asco!

A todo esto, Kike terminó de hacer sus fotos y huimos de allí. De vuelta al público, Nacho insistía en que nos internásemos hasta las primeras filas. Pobrecillo, no sabe lo que dice, pensé. Pero él insistía con ojos perrunos. Insistió tan fuerte que logró convencer a Kike para entrar en el infierno pop. Yo me quedé con Laura en el purgatorio, es decir, en la parte exterior del público, y allí terminamos de ver el concierto.

amor lesbiano

Aún hubo tiempo para otra anécdota jugosa: resulta que en un entreacto al guitarrista de Love of Lesbian va y se le escapa por error una palabra en catalán, y una parte pequeña pero perfectamente audible del respetable se pone a silbar. El tío se dio cuenta, y puso cara de circunstancias, claro. Pero en fin, ese es tu público, amigo. Tienes un público facha, al menos una parte perfectamente audible de él.

Y justo cuando creía que todo el resto de grupos, salvo mis queridos 2ManyDjs, iban a seguir siendo un verdadero horror, llegaron Archie Bronson Outfit y me devolvieron la esperanza en el Santander Music. Para mí no solo fueron los mejores hasta el momento, y también el primer grupo potable de la noche, sino que además su música me sonó como la voz de un viejo amigo entre los lamentos de una multitud de zombis. Efectivamente, ¡se oía una guitarra eléctrica con verdadera distorsión! No un riff indie pop-rock, no. Ya basta de esa mierda. Aquello era una especie de rock alternativo bastante ruidoso y cantado por una característica voz temblorosa.

Reconozco que ni siquiera había oído hablar de ellos, y precisamente debido a ello su salvaje irrupción en aquella monótona noche fue más que una grata sorpresa. Por supuesto, más de la mitad del público que había estado dando saltitos en Love of Lesbian se había evaporado de las primeras filas. Era un hecho, nadábamos a contracorriente. Pero para ser justo, diré que la gente que permaneció allí tenía una pinta bastante normal, tampoco os vayáis a pensar que toda la gente que asistió al festival estaba sacada del anuncio veraniego de Estrella Damm. Como en todos sitios, por suerte allí había casi de todo.

Fue al final de este tercer concierto cuando cumplimos otro cliché festivalero: hicimos amigos vascos. Y si alguna vez habéis estado en algún festival, ya sabéis de lo que hablo. Me pregunto qué demonios pasa con los vascos para que cundan tantísimo en este tipo de eventos, pero lo cierto es que irse de festival y no conocer a unos vascos es casi un milagro. El culpable de aquel encuentro fue Nacho, que deambulaba por allí con una máscara de pollo bastante llamativa, y gracias a él estuvimos hablando un buen rato con ellos. Hasta les dimos unos ejemplares del último número de Voluntas. Buena gente.

Llegó el turno de El Columpio Asesino, especial recomendación de Nacho. También es verdad que otras de sus recomendaciones habían sido La Habitación Roja y Love of Lesbian, de modo que tampoco le tomamos muy en serio. Pero esta vez acertó de lleno.

el columpio asesino

Había escuchado algo de ellos, o más bien oído, pero su directo me atrapó desde el principio. Sonaban como una potente mezcla entre Sonic Youth y música de baile ochentera. Intros largas y siniestras, golpes potentes de guitarra, alguna que otra ida de olla… en vivo no tenían nada que ver con su sonido grabado, mucho más comprimido y limpio. Tenían algo diferente, no sé explicar muy bien qué, que me movió por dentro, cosa que desde luego no habían conseguido los dos primeros grupos. El concierto fue de menos a más, acabando en la cresta de la ola con un musicón imposible de eludir que sembró el caos entre el público. No mentían cuando prometieron que nos iban a hacer bailar toda la noche, y más teniendo en cuenta quién recogería su testigo sobre las tablas.

Efectivamente, había llegado el momento que tanto habíamos esperado, el concierto que veníamos persiguiendo desde Zaragoza: 2ManyDjs salieron con sus trajes y su aparente sencillez, y comenzó a sonar “I wanna be your dog” (The Stooges). Por supuesto nosotros estábamos ya en plan locurón, pero no fue hasta más o menos la mitad de esta primera canción cuando el éxtasis hizo su triunfal aparición bajo el cielo de Santander: “Así me gusta a mí” (Chimo Bayo) entró en el tema de los Stooges con esa facilidad que tiene la pareja belga para mezclar y remezclar músicas en principio opuestas. Mientras, nosotros no podíamos dejar de salivar, y así fue discurriendo la sesión de los hermanos Dewaele. Supieron reservar los temas más famosos para momentos de subidón, sin abusar de ellos, y se mantuvieron fieles a su estilo metiendo de vez en cuando alguna que otra matracada electrónica (durante la tarde habíamos estado especulando sobre la posibilidad de que se cortasen más en este tipo de festival que, por ejemplo, en el Monegros, pero pronto nos sacaron de dudas).

Y justo en las notas finales de uno de sus múltiples subidones interminables, la música se fue como había llegado, dejándonos huérfanos durante un instante. Fue entonces cuando la organización del Santander Music sacó pecho, y con las luces ya encendidas comenzó a sonar un remix de la canción “Un verano en Santander” (Los Carabelas), sin duda uno de esos momentos que se te quedan pegados en el cerebro como un chicle en agosto, propiciando un desconcertante despertar al día siguiente. “Un verano en Santandeeer no se puede olvidaaar… ¿Pero qué cojones hice yo ayer?”, o algo muy parecido imagino que se oiría en el camping del festival por la mañana.

Después de esto, solo había un sitio donde poder ir para terminar la noche y, quizá, empezar el día con cierta dignidad: la playa. Salimos de allí y nos arrastramos hasta el mar como las sanguijuelas que éramos a esas horas. Una vez en la arena (o colacao, como Kike decía), nos tumbamos como si la marea nos hubiese dejado allí y dimos buena cuenta de la docena de churros que habíamos pillado en la salida del recinto. El reloj voló y poco a poco la espesa niebla blanca fue cubriéndonos por completo hasta ahogarnos en un sueño profundo.

SÁBADO 2 DE AGOSTO

Desperté en el hotel sobre las dos del mediodía. Sobre la mesilla encontré una bolsa de patatas fritas a medio comer, el Marca, El País y El Heraldo de Aragón, ya que Nacho (que había huido antes de que 2ManyDjs terminasen) había decidido madrugar y asaltar un kiosco cercano. Leí algo sobre la nueva campaña de abonados (2014/2015) del Real Zaragoza en el Heraldo y me metí en la ducha.

Una hora más tarde estábamos navegando hacia Pedreña para comer en un restaurante de marisco fetén. Comimos en plan señorial, a 25 € por cabeza, y a pesar de todo no me sentí rico para nada. Por simple comparación, el ambiente que se respira en Santander es tan pijo que ni haciendo un viaje en barco y comiéndome una mariscada logré quitarme el olor a plebeyo que traía de casa. Bueno, tampoco importaba demasiado.

Sobre las 20.30h. volvimos a entrar al festival para una segunda incursión en el movimiento moderno. Nos recibió Templeton, a quienes conocíamos por ser los autores de la música de Hora de Aventuras. De hecho, nuestra mayor expectativa era que tocasen “Una isla muy chachi”, a poder ser con la voz de Jake el perro… pero qué va, no tocaron ni una sola canción de la serie de dibujos animados. Se limitaron a tocar su propia música, los jodíos (puede que fuese porque las canciones de Hora de Aventuras son propiedad de la Cartoon Network, o eso quisimos creer, pues no cabía otra explicación para semejante afrenta). Su sonido era amable y poco más, con demasiadas pretensiones indies para mi gusto (arritmias y desafines metidos con calzador, etc.).

En este tercer día de festival (el segundo para nosotros), el Dj encargado de rellenar los intermedios entre bandas era Miqui Puig. El tío que hacía de miembro borde del jurado en el programa de televisión Factor X. El que se da un aire a Chicote, pero con bastante más pluma, para que nos entendamos. De sus diferentes pinchadas diré que estuvieron más o menos bien debido a que estaban compuestas por temas escogidos con bastante gusto (“These boots are made for walkin’” o el “One step beyond” de los Madness, por ejemplo), pero las mezclas eran bastante fuleras: Bajarvolumen-Subirvolumen. Algo que, en mi opinión, no debería ser motivo suficiente para que te otorguen el título de Dj. Pero en fin, supongo que este tipo de pinchadiscos famosos no necesitan mucho más para gustar; y si Steve Aoki puede pinchar sesiones pregrabadas y cobrar una millonada, ¿por qué demonios Miqui Puig no puede limitarse a darle al play y cambiar de canción de vez en cuando, como hacemos todos?

Después de Templeton le tocó el turno a Sidonie. En mi libreta tengo apuntado lo siguiente al respecto: MUY POPEROS, tocaron una versión bastante molona de “Video Killed the Radio Star” (The Buggles), pero en general han sido bastante muermos. Cortita y al pie. ¿Qué más se podría añadir a esta valoración crítica expresada en forma de garabatos? Nada. Además, ya tengo bastante con tratar de descifrar mi propia letra etílico-nocturna, así que ahí os quedáis Sidonie.

Los terceros en subir al escenario principal (con bastante retraso, por cierto) fueron Glass Animals, una banda inglesa formada por cuatro jovenzanos guapetes que enloquecieron a las grupies de la primera fila. La verdad es que me recordaron bastante a los One Direction, pero con más ruiditos. Vamos, un auténtico bodrio, incluso peor que Love of Lesbian.

Pero, a pesar de que el sábado estaba siendo bastante más flojo que el día anterior en lo musical, el tiempo escapaba deprisa, y eso que nosotros hacíamos lo posible por detenerlo. Llegamos así al plato fuerte de la noche: Vetusta Morla. Una de esas bandas de las que había oído hablar mucho, pero que tampoco me habían llamado lo suficiente la atención como para pararme a escuchar en serio.

Por este motivo, había llegado al foso de prensa con la intención de ver si realmente eran tan buenos como para que su nombre llenase tantas bocas y páginas en los últimos tiempos en este país. Y lo comprobé. Reconozco que tampoco me entusiasmaron demasiado, pero sin duda es una de esas buenas bandas que uno puede ir a ver tocar y disfrutar. Porque hay grupos que en directo suenan con una fuerza especial, que tienen una calidad que les permite demostrar su valía al margen de gustos u opiniones, y en este sentido Vetusta Morla demostró por qué era cabeza de cartel. Casi todos sus temas me parecieron muy homogéneos, muy similares entre ellos, y aunque no soporte el rollo indie-pop, me gustó el concierto. Especialmente la parte instrumental, mucho más que la voz o las letras, y además llevaban el mejor juego de luces de todo el festival con diferencia, lo que se tradujo en una serie de fugaces sensaciones visuales.

Fue sin duda lo mejor que podíamos esperar de aquella noche de sábado, por lo que planeamos y ejecutamos a la perfección una retirada a tiempo en dirección a la playa que nos permitiese irnos del Santander Music 2014 con buen sabor de boca. Sexy Sadie, que empezaban a las 3.35h., pasaron a formar parte del selecto grupo de bandas del festival que nos perdimos, junto con todas las que habían tocado el jueves 31. Una lástima, sí, pero así es la durísima vida del artista. Tienes que aguantar que la prensa te ningunee y que te ignore, e incluso te tienes que pagar tú la coca, hasta alcanzar un nivel que te permita ser Dios y tratar a todo el mundo como a zorras. Lo siento Sexy Sadie, más suerte la próxima vez.

Una vez en la playa, nos descalzamos y enterramos los pies en la arena. Todavía quedaba mucha noche para nosotros, tardaríamos horas en alcanzar la seguridad de nuestra habitación de hotel, pero eso ya es otra historia. Una historia perturbadora y llena de oleajes extraños.  Una historia que, tal y como la que os acabo de contar, solo sería posible entender después de tomar la decisión vital de enfilar una carretera cualquiera y sentir el impulso de acelerar. Y, después, no dejar de acelerar hasta ver el horizonte en el mar.
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