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Crónica Slap! 2014

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VIERNES 4

No debían de ser más de las dos y cuarto de la noche, pero, y con toda la poca vergüenza que me queda lo digo, a esa hora ya estábamos tirados en el césped como si allí nos hubiese dejado la riada, a unos 70 metros del escenario anfiteatro. ¿Triste, humillante, propio de unos legañas como nosotros? Puede. Lo cierto es que en ese momento estábamos más a gusto que en brazos. El primer día de Slap! estaba llegando a su fin para nosotros.

Sobre el escenario estaba terminando la persecución policiaca de Calibro 35. Kike yacía a mi lado, dormido o muerto, no sé, y Laura y Eloise y su amiga nos increpaban a gritos mientras bailaban a nuestro alrededor como si de un terrorífico aquelarre se tratase. Haz que paren. Señor, ayúdanos y aplástalas con tu Holy Fist Justiciero. Pero ellas siguieron dando por culo hasta el infinito como si no hubiese un Dios en los cielos.

Yo tenía las manos cruzadas detrás de la cabeza, y recuerdo levitar unos diez centímetros sobre la hierba. Inspirar y expirar, inspirar y expirar.  Solo eso. Las ramas de los pinos se mecían al son del funk, y solo la locura del condenado sinte de Calibro 35 rompía mi paz interior con su estridencia. De acuerdo, podíamos parecer unos acabados, la típica escoria festivalera que va cayendo al suelo como litros vacíos o colillas conforme pasan las horas. Pero no, lo nuestro era simple y puro relax postcoital, aunque ELLAS no nos entendiesen (nunca lo hacen).

¿Pero cómo habían llegado nuestros huesudos traseros hasta ese punto indeterminado del Cámping de Zaragoza? Es difícil saberlo. Contaré la historia desde el principio y que cada cual saque sus conclusiones:

Cuando recogí mi acreditación de prensa (que se parecía mucho a una pulsera corriente, de las que llevaba todo aquel que había pagado una entrada), todavía estaban tocando Los Bengala en el escenario de la piscina. Hacía tan solo unas horas que había conseguido huir de unas soporíferas conferencias obligatorias de Historia Contemporánea en la UIMP de Santander (la de Cantabria, no el banco). Tuve que pisar bastante el acelerador por la AP-68 para llegar al Slap!, lo reconozco, pero al fin estaba aquí.

Por supuesto, mi compañero Kike estaba esperándome con un litro de cerveza ya en las últimas, descoyuntado en el césped de la piscina con Vázquez y Miguel. No me resultó difícil localizarlos, puesto que sus cuerpos lechosos resplandecían al sol de la tarde como si fuesen el señor Burns en el capítulo de Los Simpsons Los Expedientes Secretos de Springfield. Vaya percal. Me senté y traté de establecer comunicación con ellos, pero fue inútil. Me llevaban demasiada ventaja. Había que coger el ritmo y rápido, pensé, y por suerte el rock garagero de Los Bengala, la cerveza y el ambiente piscinero, cargado de humo, me ayudaron.

[Agujero de gusano. No existen anotaciones ni en mi libreta ni en mi memoria entre las 19 y las 21 h.]

¡Chas! The Shaolin Afronauts habían creado un auténtico amasijo de vientos a nuestro alrededor. De pronto estábamos con Laura (¿cuándo demonios había llegado?) bailando en medio del público congregado frente al escenario anfiteatro, mientras sobre nuestras cabezas atardecía lentamente. He de decir que entre las pintas de los miembros de la banda australiana (algo así como la ropa de los domingos de Albus Dumbledore pero con capucha) y su sonido amable y desenfadado, era razonable ser o estar allí.

Cuando terminaron, comenzamos a ser conscientes de que el Cámping estaba cada vez más lleno de gente. Les tocaba el turno a The Faith Keepers, pero entre concierto y concierto apuntamos un nuevo punto positivo de este festival que nos estábamos metiendo entre pecho y espalda: la música de los descansos. Me explico.  Si algo es seguro sobre el Slap! 2014 es el indudable gusto musical de quien lo organiza (y aquí alguien pensará “sí, el cartel está bien y tal”, y efectivamente el cartel está bien y tal), pero es que incluso en las pausas entre conciertos, mientras los operarios montan y desmontan sobre el escenario, la música que se puede escuchar es absolutamente cojönutten.

Volviendo al directo, los Keepers ya estaban saludando desde el escenario, y habían subido acompañados de una verdadera diosa de ébano al micro: Sister Cookie, quien cubría su rotundo bullate moreno con un vestido negro con pedrería que desafiaba al oscuro cielo estrellado de la noche. Gafas de bibliotecaria, pelo rubio-corto con lazo brillante y una de las mejores voces que he oído en directo completaban el cuadro. A su espalda, la banda aragonesa mantuvo  durante todo el concierto un altísimo nivel, con especial mención para Pons (brillante al saxo) y Borja (que estaba a la batería como había estado tres horas antes con Los Bengala).

El siguiente artista en subir fue Ebo Taylor. Para ser sincero, cuando vi a Bill Cosby en pijama encaramado al escenario pensé que no tendría gran cosa que ofrecer. Sí, había oído algo de Ebo, pero nunca en directo, así que pensaba que lo que había escuchado de él eran reminiscencias de un pasado mejor. Nada más lejos. El concierto fue una corriente de ritmo continuo, que te arrastraba hacia el sur como si te poseyese. Claro que esto se debía en gran parte al potente grupo que le acompañaba. A decir verdad (y aquí es donde sus fans se me tiran al cuello), Ebo trabajaba menos que el cuñado de Rocky en comparación con el resto de su banda, pero hay que decir que su sola presencia ya era un verdadero lujo. Aún con todo, para mí lo mejor del concierto fueron sin duda los ritmos de frenopático que se marcó el percusionista de las rastas en forma de rascacielos. Una auténtica locura.

Finalmente, Ebo descendió agradecido y la música de intermedio volvió a tronar desde los altavoces. Creo que fue entonces cuando hicimos un amago de volver al césped de la piscina para vaguear, pero algo nos detuvo y captó nuestra dispersa atención: la inconfundible voz de Galimatías, maestro de ceremonias y salero del festival, anunció la próxima banda: Guadalupe Plata. Ninguno de nosotros les habíamos oído nunca, pero igualmente nos quedamos donde estábamos. En parte por curiosidad y también pereza de mover.

Y mereció la pena quedarse. En mi humilde opinión (no tan humilde desde que voy acreditado a los sitios pa’ hacerme el chulo), Guadalupe Plata fue el mejor grupo del Slap! 2014 con diferencia. El trío andaluz comenzó su exhibición de blues taquicárdico con una sarta de ruidos guitarreros que nos sacaron el bailoteo afrobeat del cuerpo. Qué coño, donde esté un buen blues que se quite el afrobeat, el soul y hasta la techno-jota. He dicho. Mientras el guitarra pateaba con furia su pedal, el bajista (que llevaba un bajo fabricado con una caldereta de metal, un palo y una cuerda) parecía estar colgado de su propio instrumento. Por su parte, el batería alternaba la baqueta y las maracas en su mano derecha, haciendo gala de un estilo peculiar pero tremendamente efectivo. Las maracas del demonio siseaban como una serpiente de cascabel, y mordían rabiosas los platos de la batería.

Con el público ya aclimatado, el guitarrista se acercó al micro y lanzó un quejido tras otro. Siniestros lamentos que resonarían en mi cabeza para el resto de la noche. A medida que iba avanzando el espectáculo, una espesa niebla plateada había bajado desde las montañas y cubría el valle del Ebro, y la gente la respiraba y desaparecía y la exhalaban al poco para volver a inundar el valle. Fue sin ninguna duda el concierto supremo, y nosotros estábamos en el centro gravitacional del Universo. Volados. Colgados. Ciegos como ratas. Libres.

[Agujero de gusano. No existen anotaciones ni en mi libreta ni en mi memoria entre la 1 y las 2 h.]

Así fue más o menos cómo terminamos tirados bajo la sombra de los pinos, el único árbol que da sombra en las noches calurosas de verano. Horas después, un presunto viaje en autobús nos devolvería reptando al inmundo agujero del que habíamos salido. La cabeza en la almohada y bum.

SÁBADO 5

Bueno. El tiempo pasa y, en ocasiones, un nuevo día trae consigo nuevas noches de libertad. La  del 5 de julio, a pesar de su condición de Shabbat, prometía ser una de esas noches. Pero antes de que eso llegase tocaba tarde de piscinica y sol. Con su litrico de cerveza, sus humos, su agüica fresca, sus carticas, su altísimo nivel cárnico-paisajístico… Un verdadero oasis en el desierto. 10/10.

Y allí estábamos Kike y yo con Laura y su prima, tratando de obviar la monserga (t)rapera que venía del escenario (Xtragos). Paladeando cada instante. A estas alturas del artículo, seguramente pensarás que nos hemos vuelto unos sibaritas, y te preguntarás dónde quedaron los gloriosos desfases de antaño. No quiero que suene a excusa, pero Carpe Diem también puede significar tocarse las bolas con las dos manos, no sé si me explico.

Volviendo al césped, recuerdo que el atardecer nos fue empujando poco a poco hacia el escenario anfiteatro, donde Crudo Pimiento estaba preparando su concierto. Allí nos encontramos con Vázquez, quien seguía por allí después de todo. No había dormido ni se había quitado las gafas de sol desde la noche anterior. Él sí que era un glorioso desfasador, uno de los prototipos de Dios. Un mutante ni siquiera considerado para la producción en masa. Raro para vivir y escaso para morir (R. Duke).
–¿Y el Miguel?

–Está en casa con la pata chula. Está jodido tío, creo que es de la puta rodilla.

Una rápida llamada nos confirmó el diagnóstico, quedando así libre de posibles acusaciones continentes de la palabra 'caca'. Mierda, lo echaré de menos, pensé.

Crudo Pimiento estuvo bien. Habían montado una especie de chatarrería con sus instrumentos, pero sonaban realmente guay. Pura energía enlatada en un dúo de geniales chiflados. Buen comienzo.

En el intermedio, nos echamos unas buenas risas con La cotorra criolla de Perucho Conde. Era ya lo que le faltaba al Vázquez para bailar como un chamo tarado (¿A donde llegará, Señor, esta cuestión?). Sublime. En fin, llegó el turno de Al Supersonic & The Teenagers, quienes nos pillaron en pleno terraceo, y si bien es cierto que disfrutamos de su música sentados, hay que reconocer que en ese momento solo una nueva emisión de La cotorra criolla hubiese podido sacarnos de la nube y levantar nuestros panderos de las sillas.

Finalmente tuvo que llegar Lisa & The Lips para conseguir que moviésemos. Y vaya si lo consiguió. Cada uno de los gritos enloquecedores que profería esta extraordinaria cantante de pelazo afro (“OAAAAAAAAAAAAAOH!”, es difícil de escribir pero creo que mese' entiende) me recorrían el espinazo como una descarga eléctrica, erizándome hasta los pelos del… brazo. Caminaba por el escenario como una gota de agua en una sartén caliente, convertida en pura energía a cada paso, y en cuanto a la banda, también tenía ramalazos rockeros y solos de guitarra brutales entre tanto soul, lo cual aprecié enormemente. En resumen, un concierto muy completo y motivador. Saturday Night, baby! Yeeeeeah!

Y por fin llegó el momento. Con toda la gente arremolinada frente al escenario, el gran Kase O. pilló el micro y la peña puso sus manos en el aire, entregada desde el primer suspiro del genio. Estaba claro que jugaba en casa, pero también hay que decir que, después de tantos años siendo El Mejor, probablemente pueda sentirse como en casa allá donde actúe. Pero bueno, esto es Zaragoza y la complicidad con el público era evidente. Por otra parte, lo cierto es que no soy un gran fan del rap, lo reconozco, pero con artistas como Kase O. uno solo puede escuchar y gozar. Y si a esto le sumamos la calidad de los músicos que le acompañan, el resultado no puede ser otro que el éxito absoluto en la transmisión de ideas y sentimientos.

Hubo tiempo también para los recuerdos, y en este sentido no pudieron faltar el maestro So Hai y Lírico sobre el escenario, con quienes cantó uno de los clásicos que hicieron grandes a Violadores: Máximo Exponente. Como una noche cualquiera, el concierto llegó a su fin con Ballantines, y la luz disminuyó su intensidad.

Era el turno de los Dj’s (R de Rumba y el Pendejo), el momento ideal para pillar unas buenas hamacas. Deduzco que estuvimos comiendo doritos y por ahí, basándome en el extraño sabor de boca que tenía al levantarme a la mañana siguiente, pero vaya usté a saber qu’icimos.

Y aquí terminan mis anotaciones y mis recuerdos. Como verás, uno no puede cubrir TODO lo que pasa en un festival. Desconfía siempre de las crónicas que narran absolutamente cada detalle, porque seguramente estén escritas desde lo alto de una torre, probablemente por un tipo serio que jamás estuvo allí. Yo reconozco que me limité a vivir el Slap! como más me apeteció en cada momento, sin preocuparme demasiado por nada, y esa es precisamente la idea que quiero transmitir con este artículo. Esa es la conclusión que saqué del Slap! 2014. El incontestable realismo que entraña no tomarse la vida muy en serio. Tan solo moverse libre, siguiendo tu instinto y bailando a veces.

DOMINGO 6

Pasamos el día del Señor durmiendo. Fin de la emisión. Gracias por su visita y vuelva pronto.

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