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Crónica Zaragoza Ciudad Hip Hop Festival 2015

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Zaragoza, 9 de mayo, Zaragoza Ciudad. Espera, espera, ¿mayo? Que yo recuerde, el festival siempre se ha celebrado en junio desde aquella primera edición que se montó en el parque de las Delicias una calurosa tarde del 2002 –podría equivocarme de año, como los tratos con el diablo, el Queen Margot de los chinos te obliga a pagar un alto precio por sus servicios prestados. ‘Tiempo de elecciones, amigo, aprovecha y pide a ver si cuela’, me recuerdan los carteles electorales conforme bajo al centro para coger el tranvía que me lleve al oeste del culo del mundo, es decir, al Parking Norte Expo, denominación que vendría a ser como si llamáramos a Salou Piscina Este Zaragoza.

Lo sé, este tipo de ocurrencias sólo pueden germinar cuando te pega toda la solina esperando un tranvía que ha sido bloqueado por el paso de… ¡¿¿una procesión??! Definitivamente algo extraño está pasando, a falta de pan hay circo para todas. Por probar, me acerco a una fuente a ver si sale cerveza, nada, tampoco veo rastro de strippers ni los bancos donde descansan los abuelos llevan incorporados el Hotline Miami para echar una partida. Os estáis jugando el voto cabrones.

Debido a que no tengo datos en el móvil, me da por pensar –así es la vida del muerto de hambre– hasta que llegue ese vehículo prometéico que es el tranvía, signo de progreso y prosperidad, sólo eclipsado por el monorraíl de Springfi… quiero decir, el tranbus. Por doce pavos ocho grupos, no está nada mal, además, como me dirían después unos exaltados, sólo por ver la actuación del mítico Jeru the Damaja ya merece la pena el desembolso. Ante tal ganga hago quinielas por cuánta gente irá y de qué tipo teniendo en cuenta el bajón que se ha producido durante los últimos años. Se podría explicar en términos económicos el paso de un festival de dos días con Guru, Wu Tang Clan, Termanology y Primo, The Game, M.O.P., Big Daddy Kane… a uno formado generalmente por artistas estatales. Pero esta explicación resulta insuficiente, continuamente vemos ejemplos de festivales de otros géneros musicales que han mantenido su popularidad o incluso subido.

Convendría entonces acudir a teorías sociológicas que ni domino ni son pertinentes en un día de celebración como éste. Conforme me introduzco en el tranvía y busco al pasajero con mayores pintas de demente para ponerme cerca de él y pasar desapercibido, me da para trazar un paralelismo imperfecto pero que de momento puede funcionar. Como sucedió con el heavy al entrar en los noventa, que de representar libertad, amenaza y otros valores que a pesar de ser marcadamente yanquis e incluso políticamente conservadores en algunas de sus vertientes podían entenderse como contraculturales, pasó a ser objeto de burla, quedando recluido al trasnochado heavy de barrio o al jugador de rol. En nuestros días el Hip Hop muere un poco más cada vez que un  españolito con polo, una pija con camiseta de los Ramones, un autodenominado skater de pelo Justin Bieber –en cualquiera de sus dos versiones– o un barbas, así en general, dice en broma la palabra n**** y acuden al clab. Claro que desde sus comienzos siempre han existido parodias, de hecho cualquier cosa debería ser objeto de chanza, pero eso es algo distinto a convertirse en un lugar común, vaciándose la broma de significado para convertirse en cliché burlesco. Los yanquis tampoco han hecho mucho para mejorar las cosas, lejos queda cuando la CIA los consideraba una amenaza, convirtiéndose en una parodia de sí mismos en muchos casos –el ejemplo del sello Young Money es paradigmático– y desligándose la vida de la música, dejando de ser una cultura para convertirse en pasatiempo.

Vale, lo admito, pero si estoy siendo cascarrabias y abuelo cebolleta se debe al hecho de haberme bajado una parada antes de la que tocaba debido a la recomendación de una amiga que ya no lo es más. Me gusta la escena de hoy en día, hay cosas muy interesantes, una amplia variedad de sonidos, para puretas y para los que prefieren la experimentación –no hace falta rebuscar mucho, basta con echar un vistazo a trabajos recientes y (re)conocidos como los de Yelawolf, Death Grips, Action Bronson o Tyler, The Creator.

Me dejo de pajas mentales y me centro, Amores Perros, el primer grupo en actuar, ya ha comenzado a sonar y yo sigo enredado en el típico juego de seguir a un grupo y que me sigan, logrando que al final todos demos una vuelta de la hostia. La omnipresencia de un sonido que sin embargo está muy lejos de tu alcance resume a la perfección el estado actual del Hip Hop, me digo para sentirme como un escritor de verdad y aguantar los últimos metros hasta la entrada del recinto.

Allí la fiesta acaba de empezar. Policías nacionales con chalecos antibalas y ¿cresta? esperando en un parking sin apenas coches paran a los punkis que van a mi lado. Todo un alivio saber que la gente de bien disfrutaremos de una apacible velada libre de amenazas terroristas. O igual eran colegas, vete a saber. Dentro la fiesta continúa, una valla separa la zona para menores como si se encontraran en un zoo o en la cárcel. ‘Tío pero eso ya estaba en Pilares, se debe a no sé qué nueva ley, así les preparan para su futuro’, me explican sin que preste atención, fuera de mis casillas. Observo mi vida pasar por delante de mis ojos, mis mejores años de adolescencia los invertí en conciertos, compartiendo tragos con todo tipo de gente, aprendiendo de sus gestos, escuchando sus opiniones. Y tampoco he acabado tan mal… o quizás sí y es totalmente necesario ubicar el festival donde el diablo perdió el poncho, sin bares a la redonda ni posibilidad de beber fuera por la presencia de la ley, el orden y el sol matador, añadiendo además unas vallas dentro, por si acaso todavía no hubiera suficiente protección del menor. Eso debieron pensar gran parte de los grupos que, quizás inconscientemente, ignoraron el área infantil y salvo una referencia aislada de Suite Soprano ninguno se quejó de semejante aberración espacial. Y sin eso me da igual lo que digan en raps, lo machotes que sean, todo se queda en una autofeladora reunión de amigotes.

En fin… Para cuando despierto Amores Perros ya están acabando con ese ‘me gustan las chonis en las raves’ de su Diamante (2013), uno de los más inspirados comienzos de un álbum/ep últimamente. Los de Torrero sueltan frases creíbles, entre las que te puedes imaginar una historia, un paraje, unos cuerpos. Y eso ya es mucho. Además, con su alterego nocturno Kinkids consiguen que siga teniendo esperanza en la cultura club local. Ese sonido electro guarrete que producen me obliga a moverme a punta de navaja, ignorando por un rato a la gente guapa, sus vestiditos y sus fotos en insta.

Prácticamente sin tiempo a pedirme un trago salen a escena Pseudónimo con Lex Luthorz a los platos. Una pena que para entonces el aforo esté prácticamente vacío, entre la hora, la falta de una infraestructura que permita sentarse a la sombra para disfrutar del concierto y que los colegas de los perros, siempre fieles a las primeras filas, se han ido a meditar, el emcee zaragozano hace lo que puede, intentando aguantar el tipo. Ni siquiera la aparición de Sharif o Bombony Montana logran mayor efecto que algunos aplausos, tampoco hay más público del que rascar ruido. Me lo tomo como si yo fuera Abramovich y estuviera disfrutando de una actuación privada, no es Beyoncé pero el show es correcto. Rimas sin pretensiones, cotidianas, con buenas reflexiones, pizcas de metarreferencialidad a la propia escena y algún que otro cliché. Lo único que me inquieta es que en directo se produzca un fenómeno extraño y Pseudónimo de vez en cuando pille las maneras y cadencias del último flow de Lírico, ese que llama ‘perezoso’.

Hacia las 8.30 el sol ya ha caído algo y la carpa comienza a llenarse, aunque quizás esa no sea aún la palabra correcta. En cualquier caso ya huele a la señora Ma’, señal de que el ambiente se está preparando para una buena noche. Es el turno de Nestakilla, canario afincado en Madrid que presenta el álbum Crisálida (2015) publicado a través de BOA. ‘Dentro del panorama esto significa que el emcee posee un cierto reconocimiento o una posible trayectoria futura, además el pavo tiene bastante bagaje a sus espaldas’, que no me cuentes historias, que me sigue sin convencer co. Y la verdad es que conforme avanza el show me la envaino, una sorpresa, ahí está la salsa de este tipo de eventos, que consigan callarte la boca. Él solito llena todo el escenario, mostrando tablas y versatilidad, cambiando de sonido de los 90, a Trap o a doble tempo sin despeinarse, con alguna chanza hacia el respetable incluida. Que Sharif, Rapsus, Lex y sus colegas se hayan puesto en las primeras filas para apoyar a su compañero ayuda. Entonces, por curiosidad, miro a mi alrededor, nunca he sido bueno calculando el número de gente –tras esta declaración preveo que el gobierno me intente contratar para contar manifestantes–, pero de los ¿treinta?, ¿cuarenta?, que estaremos un alto porcentaje rapea en la escena local. Amor a la cultura, sí, no hay nada que objetar sobre ello. El problema que nos afecta radica en cómo hacer para que la presencia del Hip Hop en la cotidianidad se traduzca en un apoyo real al artista. Como la izquierda con la cual la mayoría está de acuerdo con sus propuestas pero a la hora de la verdad se produce una desbandada porque no resulta atractiva, ¿dónde están todas esas chicas que llevan ropa Grimey?, ¿dónde se meten los de las camisetas de la NBA que van a las face down? H Roto, el siguiente en salir a escena, parecería tener la solución.

Aprovecho que se produce un respiro entre las actuaciones para ir a la barra. De la gente con la que me topo ninguno encaja con ese perfil indiferenciado que incluye dilataciones, tatuajes, camisa y demás pintas que actualmente encajan igualmente para público de música electrónica, metal, rap o pop. Que no se me malinterprete como un capullo clasificador y prejuicioso, que cada cual vaya a donde quiera como quiera, mis opiniones personales, aunque parezca lo contrario, son irrelevantes aquí; el esfuerzo en estas líneas no es trazar una crítica apocalíptica y melancólica sino mostrar una panorámica de la escena –obviamente subjetiva pero no arbitraria– e intentar comprender las transformaciones a nivel cultural que experimentamos. Bueno, insúltame si lo deseas pero sigamos con el tema porque este dato va a tener repercusiones en lo narrado a continuación. H Roto irrumpe como un crío insolente con ‘Todo lo que soy’ del Vacío pero lleno (2013) ataviado en unos shorts con la bandera de Estados Unidos en blanco y negro, una camiseta petada y pelo rubio teñido. Entre eso y cómo le gritan las chavalas del apartheid este guaperas que emula a James Dean en las letras podría hacer lo mismo con James Deen si le va mal en el negocio. No va, en serio, salvo por el estigmatizado sector del menor la respuesta al madrileño es fría, muy fría. La gente permanece sentada en el suelo al fondo por mucho que éste se empeñe continuamente en interpelarnos para que nos acerquemos, y la cosa no cambiará aun cuando suelte temones con metáforas inspiradas y unas producciones tan gordas como ‘Seguir’ o ‘No hay Dios’ –como dato interesante, paralelas críticas a la divinidad ha lanzado Nestakilla hace un rato, por suerte parece que el relevo generacional no sigue el camino de los yanquis y de los futbolistas, empeñados en mostrar que están tocados por una fuerza superior hasta cuando cagan y se les va a agotar el papel antes de que sus culos estén limpios pero al final no; el caso de Foyone lo dejo de lado, cual buen místico se encuentra más allá de estos debates.

Flashfoward. ‘Hostia pues a mí el H Roto me mola’, ‘sí sí, a mí también, me da igual lo que digan’, ‘yo he escuchado un par de temas suyos y están muy guapos’, comentarios que escucho minutos y horas después de su actuación. Zaragoza es Hardcore, lo cual es digno de admiración por su posicionamiento resistente hacia los tejemanejes de las corporaciones y demás benefactores altruistas, por ser la Nueva Orleans de la península. Lo malo, esos dejes victorianos que nos obligan a vestir las desnudas patas del mobiliario para no escandalizar al personal. Por hacer de abogado del diablo, es cierto que su sonido más electrónico pega mejor en un club nocturno dentro de otro tipo de show, como en el que estuvo cuando nos visitó el pasado diciembre. Como sea, es un chaval joven, chulo, que se la suda las denominaciones musicales y sabe tomarse en broma tal como demuestra ante la retirada negación del público a participar en el show. Bien por H Roto, el cual se pira con la cabeza bien alta dejando que suene un tema de Reggaeton, hecho que refuerza la sensación de que existe una importante distancia entre nuestra ciudad y aquellas con una población bastante más grande.

Lone & Bombony Montana. Ya te puedes imaginar cómo sigue. Juegan en casa, les abala ese pedazo de LB Finest del 2013. Entran con ‘Overflow’, el tema más tocho del álbum. Primer lleno del día. Y merecido. Pocos se lo han currado como Lone, desde que lo daba todo en el royo sin importarle ser el menor de los presentes ha seguido trabajando y ahí está, ondeando la bandera del Real Zaragoza y respaldado por un público entregado que no necesita de muchas palabras para animarse. Vida de barrio obrero, no hay más. Por decir algo, se le exige ya un auténtico himno, ese ‘Rock and Roll All Nite’ que lanzó a Kiss hacia el siguiente nivel. O igual tampoco es eso lo que busca y no necesita más que un escenario que acaba inundado por sus colegas mientras rapea esporas con su ‘Powermoves’. Pero si él, o ellos, no lo hacen entonces otro debería hacerlo, por motivos puramente de supervivencia del género. Independientemente de la innegable calidad que tenga el Hip Hop patrio de finales de los 90 y principio de los 2000 que las referencias de los chavales sigan siendo emcees cuyos años más amables ya han pasado da una imagen similar a la del heavy con la camiseta de los Maiden. Hostia que pueden ser buenos pero tío/a, tus problemas y la forma en la que los expresas, los sonidos que has mamado, el contexto… son muy distintos. Aprende de quien admiras, mata al padre y no me hagas ni puto caso. No es simplemente hacer mamarrachadas por ser diferente sino ir más allá porque la traición es el único medio de seguir siendo fiel.

Flashforward loco. Fin de semana siguiente en la Reset, concierto de Pxxr Gvng. Voy en busca de todo ese público que no ha acudido al Zaragoza Ciudad, el cual discute en la entrada sobre lo que es rap y lo que no, sobre las mentalidades cerradas. Los presentes tienen sobre los 20 años y llevan mucho desfase en el cuerpo. Sin llegar a participar en la discusión pasa algún hípster despistado que no sabe muy bien lo que está haciendo allí. Casi no hay rastro de los chavales sudamericanos y africanos con estética afín que pueblan la ciudad, siendo muy significativa su ausencia en ambos eventos. El concierto comienza casi una hora tarde, sin aforo completo pero satisfactoriamente lleno –más que cuando visitó S Curro la misma sala el año pasado–, muy perjudicados salen a escena a ritmo Trap con letras centradas en la droga, algunas de ellas bastante ingeniosas. El concierto continúa con unas bases acompañadas por las voces en vocoder pregrabadas, que permiten que el dj se dedique a mirar el móvil y los integrantes menos tocados del grupo rapeen por encima. Del Trap irán a sonidos más clásicos para acabar con Reggaeton.

A pesar de que el show esté plagado de momentos en los que ninguno del grupo dice nada, luchando por sus vidas mientras el tema sigue sonando con sus voces de estudio, al público no le importa, continúa con su fiesta. Parece como si existiera un abismo entre ambas noches y ni siquiera la suma de las dos representara la totalidad del panorama. Lo más extraño es que un punto de enlace entre las distintas audiencias es el siguiente grupo del festival, el cual, irónicamente, va a salir a escena con instrumentos analógicos en directo.

Suite Soprano. Mientras montan el chiringuito y aprovecho para pasarme por la barra a saludar al vidrio me entra algo de desconfianza, de momento parece que el festival sigue un patrón W, si uno logra marcarse un buen directo el siguiente fracasa. Ya me los perdí cuando vinieron en septiembre del año pasado de la mano de Cabaret Voltaire –los mismos que trajeron a H Roto y que tienen o tenían en nómina a los Kinkids– y me gustaría verlos en su máximo esplendor presentando su segundo álbum Domenica (2014). Un disco orgánico en el mejor sentido de la palabra, a pesar de comenzar muy fuerte e irse dejando llevar un poco conforme se desgarra el tiempo, es comprensible por qué ha enganchado a tantos/as: Un poco de barrio, algo de melancolía, de amores fracasados, trazos de chulería que dejan espacio para la decepción y las cabezas gachas tras la hostia contra el quitamiedos… Esa dosis que contiene unas gotas de todo lo que te puede tocar sin abusar genera una sensación de timidez que llega a un amplio sector de gente porque no avasalla, permite gran flexibilidad para acomodarla a tus circunstancias personales.

A eso hay que añadirle una producción finísima de El Hombre Viento, el cual abre la actuación dándole con cariño al vocoder, consiguiendo crear una atmósfera única. Promete.

Unos pavos repeinados salen a escena, a pesar de que tengan pintas de ingenieros técnicos las chicas gritan y esta vez sus alaridos se ven aupados por el acompañamiento de una carpa en su punto álgido, bastante llena aunque se tenga suficiente espacio vital como para no querer invadir a nadie. Sin embargo los peores presagios se cumplen, no solamente porque la acústica de la carpa no sea la misma que la de una sala, espacio donde un disco así rinde infinitamente mejor, sino que además por primera vez en todo el festival el sonido es un desastre. Hasta el momento había sido satisfactorio aunque a veces se acoplara o el volumen entre las partes no estuviera del todo en equilibrio, pero ahora, quizás por los requisitos que necesita el combo analógico-digital, es imposible entender las rimas Sule B y Juancho, distorsionadas. El sonido suena tosco, con eco, y los matices que El Hombre Viento intenta conseguir a través del uso de distintas percusiones y del violín se pierden en sonidos aislados que se mezclan con los emitidos por DJ Kaplan; entre los agudos de uno y el bajo del otro no parece existir nada más. Conforme transcurre la actuación y salen a rapear El Hombre Viento o H Roto el sonido mejora levemente pero hacia el final vuelve a empeorar. Una lástima porque la apuesta merecía el éxito.

Tras los Soprano toca subidón, debe, la regla lo obliga. El público se ha reducido levemente, ellos sabrán si tienen algo mejor que hacer que disfrutar del mítico Jeru the Damaja. Ahí está, silbamos y gritamos ante un tipo orondo, con sombrecito, botella de Jameson en la mano y una voz maltratada que hace que ahora sí que sí nos encontremos en Nueva Orleans, aunque sea de Brooklyn, qué más da, su aspecto es similar al de Antoine Batiste en la serie Treme. Qué decir cuando suelta ‘D. Original’ o ‘Da Bitchez’ del clásico The Sun Rises in the East (1994) producido por Dj Premier, se basta él mismo para atestar el escenario como si allí se encontrara desplegado todo un regimiento de artillería, varios tanques, un par de portaaviones también. Como cuando últimamente te da por escuchar Metalcore melódico y de repente vas a un concierto de Death Metal y te vuelves a enamorar perdidamente, le pido perdón por no haberle dado la atención que merecía. Nada suena como esto en directo, ese golpe que te descoyunta mientras lanza un flow a ráfagas, dispara a tus pies para que bailes, salvo que como Burroughs drogado Jeru lo hace a nuestras cabezas. Además entre tema del citado The Sun… y tema del siguiente Wrath of the Math (1996) bromea con el público, vacilándole, pidiendo cerveza, bebiendo whiskey… en un castellano más decente que el mío en estos momentos. Me dice un colega al lado que es porque tuvo una novia latina. Así sí. Además, le sobra para hacerse el primer acapella del festival, espectáculo que por lo visto no está más de moda por estas latitudes. Cuando parece que el show está con el piloto automático comienza a sonar de fondo el sample de “House of the Rising Sun” usado para “Sólo Quedar Consuelo”, Jeru se suelta con unas frasazas dignas de meme a medio camino entre la improvisación y el olvido del tema –Saragosa, mariposa– y tras su parte aparecen Lírico y el Heavy del Rap a terminar la faena. El momento no por esperado le quita valor. Jeru continúa con otros clásicos como ‘The Bullshit’ o “Come Clean” hasta que, de repente, como sólo un grande podría hacerlo, agarra el whisky y se va de escena sin despedirse, sin bises. Derrocha estilo el mamón.

Sólo queda Cormega para cerrar la velada. A estas alturas doy por hecho que la regla no fallará así que me lo tomo con más calma, disfrutaré del concierto como venga. En la zona de los menores no queda nadie, ojalá fuera porque han pasado de la valla y se han metido entre el resto de los asistentes. El show del de Queens comienza con el “American Beauty” del aclamado The Realness (2001), no interacciona mucho pero al público no parece importarle, disfrutamos de su en ocasiones molesta estrategia de ir pasando continuamente de una canción a otra sin terminarla, como en una mixtape de éxitos; al menos se entiende bien con el DJ, a estas alturas mi visión no es la más óptima pero juraría que es Sr. Rojo. Personalmente no me importa mucho, tampoco que la presencia de su último disco, Mega Philosophy (2014), sea anecdótica, centrándose sobre todo en el The Realness y en el The True Meaning (2002), se agradece. Termina con un bis bajando ante el público. Buen show, sin alardes. Yo, contento en mi rol de viejo, ya estoy cansado de estar tanto rato de pie y la vuelta promete ser terrorífica.

Me reclama una celebración con otros amigos por lo que debo irme nada más acabar el festival y ya no me acerco a ver cómo Cormega firma discos o a escuchar valoraciones del público. Dejaré las últimas reflexiones para otro momento. Ahora me toca el infierno de hacer fila en uno de esos garitos que se ponen de moda sólo por el hecho de cambiar de nombre y no de oferta musical o mobiliario si quiera. No sé si me dan ganas de golpear o de felicitar al dueño por sacar pasta aprovechándose de nuestra privilegiada psique, un poco como el panorama político. Por suerte mis colegas van más tocados de lo que el segurata considera oportuno y nos echa antes de entrar. Gracias otro año más Zaragoza.{jcomments on}

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