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Resurrection Fest 2015. Este muerto está muy vivo (y ya cumple diez añazos)

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A estas alturas del baile sobra decir que los festivales son mucho más que música: La vida entre las tiendas, los aperitivos en los bares, los cubatas compartidos con unos colgados que tienen una teoría conspiranóica acerca del papel de Tool en un complot mundial… Los organizadores del Resurrection Fest lo han tenido claro desde hace tiempo, así que la introducción de este año de una exhibición de trial y la vuelta del skate tan sólo son unos ladrillos más en la sólida pared que se ha ido construyendo a lo largo de ya diez años –pared con graffitis que nos alegran un poco más la estancia, como el detalle de poner el nombre de leyendas fallecidas a las ‘calles’ del resucamp.

Pero a lo que vamos, esto no es el SOS ni pretende serlo, aquí hemos venido para tatuarnos el cuerpo de moraduras y si cae algún que otro chichón pues mejor que mejor. Al observar el cartel la cosa queda bien clara, el cuerpo te empieza a temblar, intuyendo la somanta de ostias que vas a recibir ya durante las primeras horas del festival independientemente de quién lo abra. Y como no hay mayor sabiduría que la de la piel, ésta zanja inmediatamente la fútil discusión acerca de para quién está dirigido el festival, a quién le pertenece; ya en la segunda edición del 2007 se reunían nada menos que crochets sónicos tan distintos como Napalm Death, Caliban y Madball así que mejor pasamos de seguir con el tema. Lo importante es lo que nos vamos a encontrar, en concreto este año brillan con luz propia las diversas variaciones entre Hardcore, Punk y Death, así a las caras ya conocidas por estas tierras como Comeback Kid, Deez Nuts, Suicide Silence, Heaven Shall Burn, Strung Out o The Exploited hay que añadirles bandas que tarde o temprano tenían que acabar aquí como 7 seconds, Carnifex o Defeater, e incluso algunas otras reunidas de nuevo gracias a resurrecciones milagrosas propias de brujas gallegas –Satanic Surfers y Refused.

Sin embargo, hay dos factores que hacen que un evento de estas características pase de unas buenas vacaciones regionales para masoquistas a un acontecimiento de dimensiones internacionales. En primer lugar la inmensidad de bandas ‘pequeñas’ presentes, que permiten disfrutar de algunas que de otra forma serían difíciles de ver en directo o que, por el contrario, cuando van exprofeso a tu ciudad siempre te surge otro plan más urgente. Como ya lo han hecho otros tantos en las últimas ediciones, en su pequeña franja temporal es fácil apostar por que van a reventar el recinto los parisinos Providence con su down-tempo abrasivo, sus compatriotas Misanthrope dispuestos a hacernos volar la tapa de los sesos usando Technical Death Metal como artillería, los australianos Ne Obliviscaris que vendrán presentando uno de los discos de Metal Progresivo más importantes del año pasado o Syberia, unos barceloneses que a ritmo de post-rock instrumental trazan planicies por las que perdernos… por nombrar solamente a unos pocos.

En segundo lugar, que haya cabida a otro tipo de sonidos que suponen un respiro para los asistentes, aun manteniéndose dentro de los márgenes culturales que hacen que la tienda de campaña de un fan de esa música no sea defecada por el resto de asistentes enfurecidos. Así, a pesar de no haber tanta apuesta por los sonidos stoner o sureños como el año pasado –Cobra, High On Fire, Red Fang e incluso Down o Crowbar– en el décimo aniversario podremos disfrutar de la contundencia casi a ratos bailonga –por favor, perdonadme por la expresión– de Kadavar, Danko Jones o Berri Txarrak. De hecho por aquí día sí y día también nos echamos unas danzas de la lluvia para que durante la actuación de Backyard Babies caiga la del año pasado con Turbonegro y acabemos revolcándonos en el barro entre desconocidos para terminar bañándonos en las frías aguas de la ría mientras bordeamos la pulmonía. El Resu es el Resu.

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