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Otis Redding

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"Pretty little thing, let me light your candle
‘cause mama I’m sure hard to handle,
now, gets around"

Hard to handle, 1968

Nació el 9 de septiembre de 1941 en Dawson (Georgia, EEUU). Murió el 10 de diciembre de 1967 en Madison (Wisconsin, EEUU)

Yo no sé mucho sobre música norteamericana. No sé mucho sobre música negra. Tampoco sé mucho sobre música soul. Todo lo que sé, es que amo a Otis Redding.

Sí, Otis Ray Redding Jr., el de (Sittin' on) the dock of the bay, su mayor y más reconocido éxito, esa canción que más de una vez has terminando silbando, sintiéndote un poco mejor contigo mismo y con todo lo que te rodea. El «Rey del soul» dejó grabado este tema unas semanas antes de tomar su último avión. Incluso ahí quedó reflejada su mayor virtud, su generosidad al dejar, antes de morir, un regalo para los amantes de la música. Con su voz, una fuerza de la naturaleza, nos legó por última vez sus sentimientos en forma de canción, algo que nadie sabía hacer como él.

Otis creció en una granja de Georgia, estado sureño que también vio nacer a Ray Charles o a Martin Luther King. Fue la vida en el campo la que moldeó su música, que se convertiría en una válvula de escape para los sentimientos que a los negros de aquella época no se les permitía comunicar de otro modo.

Tras hartarse de ganar concursos de canto para conseguir algo de dinero y ayudar a su familia, partió a Memphis a probar fortuna. La capital de Tennessee, donde el blues y el country se habían juntado dando como resultado el rock & roll años atrás, estaba a punto de asistir a la revolución de otro género, el soul. Allí sorprendió Otis a toda la escena con su primera grabación, These arms of mine, dejando ya patente su estilo de canto, como si estuviese llorando, o suplicando, creando una conexión entre sentimientos y música capaz de poner los pelos de punta.

Otis Redding fichó por el sello Stax, un extraño experimento que, si inicialmente estaba pensado para lanzar a músicos especializados en el country, terminó convirtiéndose en un símbolo de integración entre blancos y negros inconcebible en Estados Unidos y, especialmente, en una ciudad tan segregada como Memphis. Músicos de ambas razas tocaban e interactuaban en igualdad en plena explosión del Movimiento por los Derechos Civiles.

Otis fue uno de los abanderados de esta extraña comunión, en la que primaban el amor y el buen rollo. Quizá fue por eso que en sus últimos años su música fue adoptada por el movimiento contracultural hippie en el concierto de Monterrey de 1967, precursor de Woodstock. Delante de un público mayoritariamente blanco y en su primer gran concierto, Otis gritó a la audiencia: «This is the love crowd! We all love each other, don’t we?» (¡Esta es la gente del amor! Nos amamos los unos a los otros, ¿no es cierto?). Ahí empezó a ganarse el corazón del gran público.

Un joven talento que empezaba a despuntar, pero que tan solo seis meses después se subió a un avión, pues no le gustaba perderse ni una gira, y nunca aterrizó. En algún sitio nos espera, sentado en la bahía mirando al mar, listo para arrancarse el alma y empezar a cantar.

 

 

Publicado originalmente en Voluntas nº12

 


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